por @juanjo_ramos
Están ahí y no tienen una explicación. Pasan porque tienen que pasar. No se pueden relacionar entre sí, pero a menudo se dan una serie de circunstancias que al ser vinculadas se convierten en una cadena de errores o desgracias.
El Tenerife perdió por lesión a Nano cuando no tenía a Choco Lozano (estaba en los Juegos de Río) ni había fichado otro delantero. Se presentó en su estreno liguero sin efectivos en ataque y perdió por un error de su jugador más regular (Aitor Sanz). Un punto menos. Traspasó a su máximo goleador del curso anterior el día de su primer partido en casa y le faltó un gol para ganar. Dos puntos menos.
Además, ha fallado dos penaltis. El primero le pudo dar el empate en Elche. El segundo, la victoria en Reus. Tres puntos menos.
Su portero, que rara vez comete fallos, tuvo uno gordo el día que su equipo necesitaba ganar al Cádiz y tenía la victoria en el bolsillo. Jugaba contra diez, pero el error llegó en el minuto 92. Sin margen para enmendarlo. Dos puntos menos.
Añadamos la aparición de las lesiones. Tres titulares indiscutibles (Carlos Ruiz, Aarón Ñíguez y Choco Lozano) están fuera de combate justo cuando el Tenerife busca la remontada clasificatoria.
Así también se escribe la historia. A menudo, obviamos los detalles. Los errores. Esas casualidades que cambiarían la realidad actual. Que tienen la consideración de accidente y son difícilmente evitables y hasta explicables. Pasan porque tienen que pasar. Pero fastidian. Días, puntos. Puede que proyectos.
Solo hay una manera de luchar contra ellas. Resistirse, no rendirse y seguir adelante. Por eso, en días como el sábado contra el Girona, lo importante es apretar los dientes y no rendirse por mucho que todo esté en contra. Porque, no nos engañemos, el partido de Montilivi tiene un pronóstico claramente local. Pero esto es fútbol. Igual se da una casualidad que, en esta ocasión, perjudica a los catalanes. Habrá que estar ahí para aprovecharla.