El Tenerife se ha liado con las renovaciones. A estas alturas, no habla bien del club en general ni de su dirección deportiva en particular que no tenga ni un solo caso resuelto de los más urgentes. Algo ha fallado en un proceso en el que seguramente pesó el pasado (no caer en los dispendios de antaño) y, por supuesto, pesa el presente (notable rendimiento de los futbolistas). Pero no todo es culpa de los habitantes del Callejón del Combate.
Si Ayoze Pérez no hubiera estallado o sus compañeros Bruno y Suso no fueran piezas importantes para Álvaro Cervera nadie daría importancia a sus casos. Como agravante, los tres son tinerfeños y la afición valora más la pérdida de un canterano. ¿Acaso alguien se ha preocupado por la continuidad de Ros o Moyano? También finalizan contrato, pero ni son titulares ni de la casa.
Llegados a este punto, los jugadores tienen la sartén por el mango. Se han ganado la continuidad y una mejora de contrato. Pero serán sus representantes los que deban valorar hasta dónde pueden estirar el chicle de sus exigencias para alcanzar un acuerdo o vender justificadamente que el Tenerife no se esforzó en las negociaciones.
Cada caso, eso sí, tiene sus matices. El de Ayoze, pretendido por más de una decena de equipos (Espanyol, Sevilla, Real Madrid, Villarreal, Swansea, Everton, Arsenal, Liverpool, Manchester City, Oporto…) si aceptamos como reales todas las informaciones que han aparecido sobre su figura, acabará mal para el club porque no se calculó en verano lo que podía llegar a ser.
Pero ese error de Quique Medina no esconde que la otra parte, la que asesora al chico, no ha puesto más que exigencias inalcanzables para una entidad con 20 millones de euros de deuda y un tope salarial que no alcanza los 200.000 euros por temporada. El Tenerife será, por tanto, culpable de no haber protegido sus intereses con un acuerdo anterior a la explosión del delantero con un cláusula que le garantizara un ingreso por traspaso mayor. Pero nunca será responsable de la decisión de abandonar la Isla. Esa la toman Ayoze y/o su entorno.
El caso de Bruno es parecido en cuanto a la apuesta que realizó el director deportivo por él. La oferta económica era tan exigua que el central se la jugó pidiendo un solo año de contrato. Fue un pulso con un claro ganador. En el Callejón del Combate aceptaron la derrota en noviembre y quisieron iniciar las conversaciones para renovar. El representante del sureño pidió tiempo. A él, que anda cerca de su máximo nivel como jugador, puede que sí le haya llegado la hora de probar fuera. O no.
En cambio, lo de Suso parece cuestión de ajuste. Las diferencias no son tan grandes y es de esperar que haya acuerdo tarde o temprano. A diferencia de los dos anteriores, el de Taco lo tiene claro. Si Ayoze ha decidido marcharse y Bruno se lo está pensando, él quiere quedarse. Su predisposición ayudará a que haya acuerdo… si el club le valora como merece.