Por @josemanuelpitti
Querido Pep. Queridos y admirados jugadores del CD Tenerife.
Cuando Jorge Valdano vino a salvar a nuestro equipo, que estaba en una situación apocalíptica (a punto de perder su plaza en Primera División), y celebró su primer entrenamiento, advirtió un clima depresivo; suspendió la sesión, agrupó a los chicos en el centro del Heliodoro y les habló….
«No entiendo las razones de esta profunda tristeza. Debemos trabajar con alegría y con esperanza. El fútbol no es la vida ni la muerte. Debemos olvidar los números y la clasificación; levantar la cabeza, trabajar con optimismo y disfrutar. El fútbol es hermoso. Disfrutemos.»
Con su prédica, su ascendencia, su liderazgo y su pedagogía infinitas, Jorge Valdano consiguió recuperar el espíritu del equipo, que, como primera medida, ganó al Valencia; luego al Sevilla; después al Barcelona y finalmente al Real Madrid. Salvamos la categoría una semana antes del final del concurso.
Tengo buena opinión tuya como entrenador, querido y admirado Pep, y no comparo personas sino circunstancias y tiempos, pero confío en que tú -como hizo Jorge en otro tiempo- sepas quitar drama y tensión al vestuario; que consigas que los chicos salgan a jugar este domingo alegremente (como hicieron en Zaragoza, cuando no nos jugábamos gran cosa); que sepas transmitirles que no nos jugamos la vida o la muerte; que deben vivir el partido contra el Cádiz como una fiesta y no como una tragedia; que tienen en la grada más de veinte mil amigos dispuestos a quererlos y protegerlos, en la salud y en la enfermedad, en la victoria y en la derrota; y que -en ese otro estatus psicológico y psicosocial- volvamos a ser el Tenerife: el de Zaragoza y no el de Cádiz.
Con eso tenemos y nos sobra para ganar y ascender: sentirnos el Tenerife feliz y alegremente; ejercer como el Tenerife tranquila y despreocupadamente; y, SIN TEMOR A LA META FINAL, vencer como el Tenerife, el mejor equipo del mundo.
Un abrazo, Pep; un abrazo para todos, jugadores, mis queridos héroes de siempre y para siempre.