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Caro

Por @rondoscutillas

Atraviesa el CD Tenerife por la peor racha de resultados desde que Martí se hizo cargo del equipo blanquiazul. Dos empates en los tres últimos partidos, ambos en el Heliodoro, es el exiguo balance desde que arrancó la segunda vuelta. Con todo, los blanquiazules han recaudado un punto más que en la primera, cuando arañaron un punto en su visita a Huesca y capitularon ante Numancia y Nástic. También cedieron ante el Oviedo. Pero mejor no hacer presagios.

Tener un punto más que entonces no es ningún consuelo. De hecho hay todo un carrusel de coartadas cuando no se gana. Y esto casi siempre ocurre justo cuando se vislumbra al pelotón de los deseados. Unas veces la falta de puntería, otras la actuación arbitral, errores individuales o que el rival es superior en un tramo del choque porque tu equipo se parte pese a jugar con trivote. Todo se empina cuando hay que sumar de tres en tres y el equipo siente la obligatoriedad de tener que hacerlo para ponerse a rueda del lugar donde todos quieren estar.

Es este campeonato de Segunda un puerto largo y duro de subir. Para casi todos. Ningún equipo de la categoría gana con solvencia, aunque hay otros que se han especializado en cumplir con el objetivo fijado para cada etapa aunque sea por los pelos. Jugar en casa ha dejado de ser un factor de clara ventaja porque casi todos los visitantes salen a que proponga el local y a explotar sus bazas en función de un pragmatismo que consiste en arriesgar lo imprescindible. Por eso, no sorprende que en la última jornada, por ejemplo, solo hubiese dos victorias locales en once partidos (Alavés y Zaragoza) y por la mínima.

La semana por aquí ha sido la esperada en una isla especializada en moverse permanentemente del todo a la nada o del blanco al negro y viceversa. Así que tocaba bajonazo, críticas, autocríticas y días y días de aburrimiento a la espera de que llegue el próximo partido. Compadezco a los compañeros que viven el día a día blanquiazul. Sobre todo porque aún les quedan 19 semanas por delante en las que, si todo sigue como va, van a ser auténticamente insufribles para todos: aficionados, jugadores y periodistas.

El Oviedo es el próximo examen para los blanquiazules. Un equipo que acumula ya nada menos que nueve jornadas sin conocer la derrota  y otras cuatro sin conocer la victoria tras empatar ante Albacete, Alavés, Lugo y Osasuna. El dato desvela que es un equipo complicado de batir y también supone una golosina para sus adversarios porque todo lo bueno acaba siempre más temprano que tarde. Y más en una categoría tan igualada como la Segunda.

Pese a la colosal racha, los asturianos están a un punto del ascenso directo y al mismo margen de quedarse fuera de la zona de promoción para subir. En la primera vuelta vencieron en el Heliodoro con solvencia y comodidad (0-2) en dos jugadas a balón parado, una falta lateral y un saque de esquina. Aquel Tenerife tenía menos recursos que este y era incapaz siquiera de dominar de la manera que sucedió el pasado domingo durante el primer tiempo al Huesca.

Lo que ocurre es que los aficionados nos hemos familiarizado a lidiar con la fatalidad. Tanto que ya casi solo queda ponerle la etiqueta a la manera en la que se desperdiciará la enésima oportunidad para ganar un partido. Elijan: gol tempranero del rival, a balón parado, de penalti injusto, en inferioridad numérica…, el Tenerife ha mostrado este curso mil formas para perder fácilmente y se empeña, cada jornada, en demostrar que ganar se le pone cada vez más caro.