Por @rondoscutillas
Transita el Tenerife por una mala racha de resultados. No ganaba ni perdía hasta el sábado pasado, cuando la cuerda se rompió por el lado malo en la visita ante el líder e invicto Málaga. La derrota, prevista en cualquier guión con cierta lógica teniendo en cuenta el potencial de los andaluces, tiene más un valor anímico que clasificatorio. Porque, no lo olvidemos, el objetivo real de este equipo es ir semana a semana. Al menos hasta que la competición empiece a poner a cada uno en su sitio y se pueda precisar mejor el potencial real de esta plantilla en comparación con el resto de la categoría.
No hay urgencias. Estamos en la jornada 4. Y, pese a que en esta isla somos amigos íntimos de los juicios extremistas y de pasar de la euforia a la pesadumbre y viceversa, lo cierto es que la tendencia de continuar sumando partidos sin ganar puede convertirse en peligrosa y dañina.
Ya Etxeberria manifestó, de cara al doble duelo en el Heliodoro ante Cádiz y Reus, que el equipo necesita ganar. Es una cuestión de confianza. Porque, en las malas, todos se encogen. Se atreven menos. Arriesgan menos. Y, por lo tanto, pierden esa calidad que el Tenerife necesita ahora más que nunca. Resulta complicado conciliar el hambre con la paciencia. Pero, sin la segunda, la primera tarda más en aparecer cuando solo se trata de consumir resultados.
Ahora que todo se empina cuando hay que sumar de tres en tres y el equipo siente la obligatoriedad de tener que hacerlo para ponerse a rueda del lugar donde todos quieren estar, es justo cuando conviene recordar que los bajonazos en el entorno y la presión añadida no suman. Está claro que la situación actual no es para tirar cohetes pero, francamente, si Naranjo hubiese acertado a empujar a la red en el segundo palo el pase de Suso; el disparo del tinerfeño no lo hubiese repelido el poste de Kieszek; o Montañés no chuta tan alto en la última jugada del partido, todos estaríamos hablando de cosas distintas a día de hoy.
Al menos este Tenerife no es tan vulnerable y fácil de derrotar como lo fue el de la pasada campaña fuera de casa. Es cierto que le cuesta entrar en los partidos y que siempre tiene que remar contra la corriente adversa de ir por detrás en el marcador. Pero el otro día, en La Rosaleda y ante un rival de más potencial, estuvo a punto de traerse algo positivo para la isla.
Con todo, los blanquiazules tienen aún demasiadas cosas en la columna de detalles a mejorar. La defensa no es especialmente contundente, las bandas no tienen desborde en ataque salvo cuando Suso tiene el día como en Málaga. Y a los delanteros no se les caen, precisamente, los goles de los bolsillos. De hecho, solo Malbasic ha sido capaz de anotar en cuatro partidos y lo hizo desde fuera del área.
Por eso, y hasta que no mejore la eficacia de los jugadores llamados realmente a marcar diferencias, utilizar a Bryan Acosta de mediocentro y no de mediapunta es un lujo asiático. El hondureño y Milla disparan más veces a puerta que cualquier delantero, pero solo el catracho ha logrado perforar la red del rival gracias a su acreditada solvencia desde el balcón del área. Estoy convencido de que todo volverá a su sitio y de que el proyecto de esta temporada será viable y peleará, más pronto que tarde, por lo que todos queremos. Pero antes de todo eso conviene recordar, las veces que sea necesario hacerlo, que rara vez llegan los anhelados resultados si no se resuelven previamente las carencias.