Redacción Deporpress| Que el Tenerife es un equipo limitado ya lo sabíamos. Que le cuesta cambiar el desarrollo de un partido cuando se pone por debajo en el marcador, también. Por eso no es una sorpresa que los blanquiazules cayesen ante un equipo con tantos argumentos y una dinámica positiva tan sobresaliente como la del Leganés.
La cita de Butarque se decidió por detalles. Nada nuevo tampoco en Segunda. Esa es la manera en la que suelen decantarse encuentros tan igualados como el de este domingo. Al equipo que dirige Ramis le va bien cuando no hay nada que altere los planes iniciales. Supo minimizar durante todo el primer acto a un adversario plagado de recursos en su plantilla que va a toda velocidad hacia los puestos de ascenso directo y eso ya tiene un mérito enorme. Sobre todo porque, como se señala en la primera frase de esta contracrónica, el Tenerife es un equipo limitado.
Conviene no olvidarlo para recordar que, con el escenario actual, pensar en competir de tú a tú contra los grandes de la categoría, como el Leganés, es una ensoñación. En el primer tiempo se jugó a lo que quisieron los isleños. Pero, tras el inoportuno resbalón de Shaq Moore, precedido de un córner más que evitable de Javi Alonso, fueron los madrileños los que pusieron la pauta de cómo dejar en nada a un adversario.
Porque el Tenerife, con el balón y la iniciativa, apenas tuvo argumentos para crear peligro en el área de los locales. Sin nadie capaz de superar líneas con el esférico. Sin un mediapunta capaz de encontrar huecos entre líneas. Con las bandas bien tapadas hasta la salida de agitadores como Valera o Shashoua, los blanquiazules volvieron a perder ante un Leganés que demostró que es el mejor local de la categoría porque sabe penalizar los poco que le concedan. Un córner evitable y un resbalón inoportuno fueron suficientes para llevarse tres puntos.
El Leganés con viento a favor, solo tuvo que mantener el orden. Y, amparado en la connivencia arbitral, salir favorecidos en el reparto de tarjetas. Al Tenerife le costaba un mundo avanzar y, cualquier intento de progresión, se encontraba con la correspondiente falta que cortocircuitaba a los blanquiazules. Forzados a reiniciar. A mover el balón donde le interesaba a los pepineros y castigados a ver cómo el partido avanzaba, con el marcador a favor, sin que pasase casi nada.
El saldo blanquiazul para intentar empatar fue una cabalgada de Apeh, que fue desactivada por un zaguero local cuando el nigeriano quiso servir a Sol en el segundo palo. Un remate alto de Moore tras una segunda jugada. Y el gol anulado a Sipcic por fuera de juego. Poca dinamita para hincarle el diente a un Leganés embalado que, sobre el césped de Butarque, optimizó su ventaja y dejó al Tenerife desnudo ante sus carencias.