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Carbón y ramas secas

 

Por @beatrizpalmero

 

 

Cuando era chica, me aterrorizaba bajar un día de Reyes las escaleras de casa y encontrarme el espacio del sillón sobre mi zapato lleno de carbón. Así que cada día 6, cuando mi padre nos despertaba, siempre un poco pronto para mi gusto, a la hora de bajar primero asomaba siempre el hocico entre los barrotes, despacito. Y cuando veía los paquetes ya no había quien me parara escaleras abajo y desayunaba a toda prisa porque mi madre no nos dejaba abrir los regalos sin estar desayunados, vestidos y con la cama hecha. Mantuve ese terror hasta que un día, en la vuelta a clase, una compañera llevó trozos de carbón dulce y los probé. Entonces pensé que tal vez no era tan malo que te dejaran carbón porque, no voy a negarlo, era, y soy, muy golosa.

Lo cierto es que, claro, el paladar de uno se acostumbra rápido a lo bueno. Recuerdo a Rafa Sanz, cuando dirigía al Tenerife Baloncesto, diciendo en rueda de prensa que no se podía comer jamón serrano todos los días porque luego venían las vacas flacas, y claro. Así que cuando estás muchos años recibiendo regalos, por mucho que te guste el sabor del carbón, nunca haría la misma ilusión.

En ese punto, exactamente, es en el que estamos con el Tenerife. Un año más, estamos en el mismo lugar de siempre, con ganas de que este equipo nos dé alegrías y nos sorprenda, un año, haciendo algo diferente que nos mantenga la ilusión hasta el final. Y no hay forma. Ni siquiera el buen arranque de la era Martí, con dos partidos espléndidos ante Alavés y Córdoba en casa, y la racha de resultados, nos mueven de ese punto en el que parece que siempre podemos engancharnos arriba, pero, en realidad, no podemos más que mirar hacia abajo.

Y como buenos birrias que somos, no nos queda más remedio que darle mordisquitos al trozo de carbón porque, bueno, mejor tener algo que llevarse a la boca que no tener nada. Claro que tampoco podemos evitar recordar la época en la que degustábamos jamón serrano y preguntarnos cuántos años más seguiremos recibiendo carbón. Y mientras nos resignamos, nos cuesta no ser un público frío. Pero eso sí, en cuanto nos dan una chispa nos venimos arriba porque estamos deseando que los Magos de Oriente nos traigan algo más que «Carbón y ramas secas», que como buenos enamorados prendemos rápido el fuego y un día se nos va de las manos. Como dice Manolo García en su canción, vámonos a servirnos algo entre tanto nos dormimos al olvido de un tiempo que añoramos.