Por @beatrizpalmero
El Tenerife ha recibido 15 goles, uno por cada jornada que lleva disputadas. Me dirán ustedes que encajar un gol por partido tal vez no es mala estadística, aunque podría rebatir ese argumento asegurando que en Segunda División triunfa quien encaja poco y ahí tenemos el ejemplo del Huesca, con sólo nueve tantos recibidos.
Pero es que además, esta estadística tiene una segunda lectura: 12 de los 15 goles los hemos encajado lejos del Heliodoro. Un dato que habla bien a las claras de que algo se está haciendo mal fuera de casa. Y no creo que podamos resumirlo sentenciando a los atacantes y diciendo que defienden menos que los del año pasado, porque sería un argumento muy simplista. Además soy de las que opinan que la defensa atañe a todo el equipo. Y algo va muy mal si, pese a tener al jugador que más balones recupera de toda la categoría (Aitor Sanz con 106 robos), encajamos una media de 1,7 goles como visitante mientras en casa el número se reduce a un significativo 0,3. ¿Para qué sirven todas esas recuperaciones? ¿Se están aprovechando bien o tal vez hay un problema a la hora de construir el juego? Me inclino a pensar que esa tecla que no se ha encontrado tiene que ver con la resolución de este problema.
Es evidente que fuera de la isla el Tenerife enseña la cara B del disco, esa que no está destinada a brillar, sino a ir de relleno. Y el análisis de por qué sucede así debe incluir todas las facetas del equipo, no sólo la defensiva. En El Alcoraz, los de Martí apenas sí remataron 7 veces en el área rival, apenas tres entre los tres palos, mientras que el rival lo hizo el triple de veces: 21. Ahí es nada. ¿Lo podemos resumir todo en que hay una mala defensa? Quizá la clave esté en que a los blanquiazules les cuesta construir el juego cuando tiene el balón, no sabe jugar en estático y, es obvio, que defiende mal las salidas en velocidad del contrario. Y añado algo más: cuando el Tenerife encaja se vuelve muy vulnerable y le cuesta superar la adversidad cuando no tiene a su público detrás. Lo vimos en Huesca: marcó Melero y el equipo pareció desmoronarse como un castillo de naipes, se desconcentró, como demuestra el resbalón de Jorge cuando tenía el balón controlado y toda la ventaja para solventar la situación.
Sólo con estos apuntes me queda claro que tanto jugadores como cuerpo técnico deben dar mucho más para estar al nivel que se le exige, un nivel que, recordamos, pusieron ellos mismos con el brillante final de la campaña pasada. Cabe esperar, como la temporada pasada, que el mejor rendimiento del equipo esté por llegar.