Skip to main content Scroll Top

Captación

Por @rondoscutillas

El CD Tenerife volvió a quedarse el pasado fin de semana ante la posibilidad de atravesar, por primera vez, el muro de enlazar tres victorias consecutivas. No lo hizo porque se encontró con un partido trabado, un rival con un nivel muy superior al que indica su posición en la tabla y, sobre todo, con un árbitro que aplicó el reglamento a su conveniencia. Interpretó dos acciones de Raúl Cámara con la suficiente gravedad como para expulsarle por doble amarilla y miró para otro lado cuando, al borde del descanso, Chuli golpeó sin balón a Germán. Los blanquiazules jugaron en inferioridad durante casi toda la segunda parte y eso fue conceder demasiada ventaja ante un Almería que, ni así, fue capaz de poner en aprietos a los locales.

El equipo que dirige José Luis Martí visita este domingo Butarque, uno de esos escenarios que ningún blanquiazul olvida. El tanto de Hugo Morales devolvió a aquel Tenerife a Primera y el inquilino actual del banquillo del Heliodoro era el capitán de aquel grupo. Dejando a un lado la nostalgia del ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’, el choque de este domingo supone un gran escaparate para cualquiera. Visitar al líder de la categoría y en la capital es dirigir todo el foco mediático hacia ese encuentro. Me preocupa, especialmente, que el Tenerife no ha sabido este curso meterle mano en su feudo a los equipos que aspiran claramente a dar el salto de categoría. Aunque, por otra parte, tengo curiosidad por ver cómo gestionan los pepineros el vértigo que supone ocupar el ático de la clasificación y si el nuevo objetivo que les ha marcado la competición supone un desafío abordable o se convierte, finalmente, en un lastre para seguir jugando con la misma naturalidad que hasta ahora.

La semana ha discurrido marcada por las dificultades surgidas para la renovación de Omar Perdomo, un chico que seguiría jugando en Tercera si no fuese porque Sesé Rivero supo ver su talento y le dio la oportunidad de enrolarse en la cadena de filiales. A partir de ahí, tan cierto es que el grancanario se ha ganado a pulso un contrato profesional como que hace apenas 13 meses firmó un contrato, sin que nadie le pusiese una pistola en la cabeza, que ahora quieren romper sus representantes mientras dicen, al mismo tiempo, que el jugador quiere quedarse. No valoro que tenga que renovar sí o sí. Allá él y los que lo llevan. Lo peor, en este caso, es que si denuncia el contrato y su firma de hace un año hoy ya no vale nada quizá sea algo mucho peor que un ingrato.

Detrás de esa ambigüedad subyacen las claves de asuntos que invitan a la reflexión sobre la precipitación en la que incurren los jóvenes con talento y las personas que llevan sus asuntos futbolísticos. Salvo Vitolo, Dani Hernández, Jairo y Jorge Sáenz, todos los jugadores canarios del Tenerife han cambiado alguna vez de agente. Esas personas de confianza, en algunos casos, los han llevado luego a los juzgados, han solicitado el embargo de sus ingresos y cuentas bancarias o, incluso, han instado a la RFEF a que abriesen procedimientos sancionadores contra ellos o les suspendiesen sus licencias.

Y esto no ocurre únicamente a nivel profesional. El reclutamiento de menores por parte de las empresas de representación de futbolistas está a la orden del día. Y la Ciudad Deportiva Javier Pérez es un ejemplo. Valga el de David González, compañero de Cristo González en los filiales del Tenerife, que juega en Preferente con el Juventud Laguna después de que sus agentes recurriesen a un cambio de residencia para sacarlo gratis del club. En aquel momento era internacional y una de las joyas de la cantera del Tenerife. Tras su paso por el Unión Leiria, Atlético Madrileño juvenil y UD Las Palmas juvenil ha retornado a la isla sin la fama y sin la gloria que le prometieron que tendría. Cristo González, por ahora, está en Segunda y tiene por delante el futuro que su talento y su cerebro le dejen tener. Son las dos caras de la peligrosa moneda de este fenómeno de captación con menores.