Skip to main content Scroll Top

Capitanes

Por @rondoscutillas

La llegada de Juan Carlos Cordero a la dirección deportiva del CD Tenerife se ha convertido en la noticia de la semana dentro del conjunto blanquiazul. Su discurso de presentación, construido desde la sensatez, parece una buena declaración de intenciones sobre la labor que deberá desarrollar en las próximas semanas.

Dijo Cordero el día de su puesta de largo que el fútbol es presente y admitió también que le preocupaba que un grueso de jugadores importantes no conociese aún cuál iba a ser su futuro en la entidad. Advirtió que igual ya era tarde para afrontar las renovaciones de jugadores que acaban contrato y son apetecibles con la carta de libertad en la mano, casos de Luis Pérez y Alberto Jiménez, y también deslizó que una de sus primeras tareas sería afrontar las renovaciones de los capitanes.

Desde fuera da la sensación de que esta última gestión se abordará como un mismo paquete. Que si lo haces con uno estás obligado a hacerlo con los demás y que la decisión es global más que individual. Y, si esto es realmente así, me parece un error de concepto enorme.

Personalmente, considero que el fútbol es un deporte de equipo en el que el éxito radica en conjuntar individualidades y jugadores diferenciales. Y, siendo justos, ¿cuál de los capitanes del Tenerife resulta ahora un futbolista que ofrezca ese valor dentro del nivel actual de la Segunda División? Para mí, ninguno.

Con esto no estoy diciendo que yo no le plantearía la renovación a ninguno de ellos. Porque dudar del compromiso de Suso Santana, Aitor Sanz, Carlos Ruiz o Dani Hernández sí que es una herejía en clave blanquiazul. Lo que ocurre es que, cuando se planifica un proyecto deportivo, debe hacerse pensando exclusivamente en lo que pueden aportar más que en lo que ya han conseguido.

Y, en ese escenario, lo más justo sería ofrecerle la continuidad a aquellos que se han hecho imprescindibles y que, con su trabajo y su aportación, han logrado hacerse con la titularidad en detrimento de otros que llegaron para discutirles el puesto y fracasaron en su intento. Soy partidario de que Cordero analice cada caso. Uno por uno. Porque, de lo contrario, sería imposible que este equipo evolucione y mejore deportivamente respecto a las últimas temporadas si decide ofrecer renovaciones con el único argumento de que ‘se las han ganado con todo lo que han hecho aquí´’.

El estado físico y la edad son dos factores que en muchos clubes, como el Atlético de Madrid sin ir más lejos, suponen una barrera infranqueable a la hora de plantear renovaciones. Sea quien sea, se llame como se llame y lleve los años que lleve. Durante la temporada 2020/21, Dani Hernández cumplirá 35 años, Suso y Aitor Sanz tendrán 36 y Carlos Ruiz alcanzará los 37. Considero que, en este aspecto, hay que ser flexible y priorizar otros detalles, como el estado físico, por encima de la partida de nacimiento. Porque hay jugadores que están como motos con 33 años y otros que ya son un desastre cuando bordean la treintena. Por eso, creo que el factor que desencadene la jubilación debe ser, por encima de cualquier otro, su rendimiento.

También es interesante tener en cuenta que la cuota de mercado de los jugadores a renovar, sean o no capitanes, es un factor determinante en la toma de esa decisión. Sobre todo, a la hora de decidir si la oferta de continuidad es al alza, igualando lo que ya tenían o a la baja. Especialmente porque no es igual sentarte a negociar con un jugador que quieres que se quede pero del que sabes que, difícilmente, encontrará un equipo con el estatus del Tenerife a hacerlo con otro futbolista que tiene sobre su mesa ofertas por más dinero del que puedes pagarle. Tampoco conviene olvidar que Raúl Cámara, que salió del Heliodoro con 35 años el pasado verano, y Vitolo Añino, que se marchó el anterior con 34, acabaron en clubes de Segunda B (Córdoba y Cartagena) pese a que, en el entorno blanquiazul, existió el criterio mayoritario de que ambos se habían ganado la renovación.

Juan Carlos Cordero, que no hace honor a su apellido precisamente cuando se sienta a negociar, ya tiene su primera reválida que afrontar porque, decida lo que decida, estará expuesto al escaparate de la crítica con respecto a los capitanes.