Por @ivanvillanua
Escondido en la sombra maquina su próxima gran cabalgada. Surcará con su verbo entre ríos de tinta, sonidos en la onda, herzios televisivos. Caballo desbocado no tiene fin, es un jinete puro y se baña en colonia proveniente de su propio orín. Porque él, solo él, nació para ser el Rey, el puto amo, el crack, al precio que sea, sin pararse a pensar ni siquiera en si la verdad lo arropa con un manto protector o es todo humo lo que rodea su flácido cuerpo alejado de cualquier ejercicio aeróbico o dieta meditérranea. Es igual, Caballo Desbocado muerde siempre con destreza y sonríe sin apenas brillo. «¿Brillar?»,comenta, «eso es lo que ocurre cada vez que me levanto y Dios me da las gracias por despertar y existir en este mi mundo», se dice frente al espejo.
Pero, he ahí, que al otro lado del túnel, al final de la oscuridad, la luz le espera con una mala noticia. A Caballo Desbocado le ha salido un competidor. Otro jinete, más veloz, más guapo, más curtido en mil batallas, más veterano y, lo que ¡Oh Dios! es peor, mejor valorado profesionalmente incluso en el Club Hípico. Caballo Desbocado se ha puesto celoso y, como en los cómics más tenebrosos, se aferra en el sótano de su cuadra para perpetrar alguna nueva treta con la que sorprender y ganar la carrera. «¡Maldita sea! qué me invento yo ahora para galopar más rápido si, cada semana que pasa, me quedan menos formas de evitar lo que se me avecina?», piensa. Y es la verdad. Su final está cerca, su ocaso, su telón rojo de teatro que desciende lentamente entre aplausos o silbidos está a punto de ponerse en movimiento. Y Caballo Desbocado lo sabe.
Pese a que mira a su alrededor, tan solo le quedan dos o tres cuadrúpedos a los que asociarse. Yeguas más jóvenes que han recubierto sus establos con imágenes de Caballo Desbocado. Orando y alabando cada carrera que, antaño, hizo sobre la tierra. El resto ya no lo mira con buenos ojos. Dicen que ni siquiera en su propio Club Hípico, donde comienzan a desconfiar de él. Quien sabe si preparan su salida. Le abrirán la puerta y le invitarán a que busque otro equipo en el que competir. Caballo Desbocado está triste. Aunque no lo parezca. Su final está cerca. Y eso duele. Porque su sustituto será precisamente quien más odia. Un Pura Sangre. Uno de los buenos. Un ganador. Lo mejor está por llegar.