por @juanjo_ramos
Cuesta sentarse delante del ordenador en periodo vacacional. Si permanezco fiel a la cita es porque también sirve como ejercicio para desahogarse. Ahora que Netflix entretiene las horas que uno no dedica a la playa u otras actividades de ocio, ver películas y series se convierte en una buena opción para desconectar del día a día. Ocurre que luego está twitter para devolverte a la realidad, a veces exagerada en la red social, y entonces te das cuenta de que, como ocurre en la ficción, estamos empeñados en que siempre haya buenos y malos.
Así, en la última semana y media me he encontrado con un auténtico cúmulo de despropósitos en el entorno blanquiazul. De repente, nos despertamos del sueño y nos dimos cuenta de que el ascenso a Primera volvía a alejarse 300 y pico días. Que todo volvía a empezar. El golpe de realidad llevó al desánimo. El resto lo hicieron los de siempre.
Duele que algunos, callados como han estado por la buena marcha del equipo desde enero, aprovecharan la mínima oportunidad para meter cizaña, sembrar pesimismo y volver a envenenar el ambiente. No se engañen. Son los mismos que provocaron la guerra civil en época de Cervera. O que abrazan siempre a un profeta (Corviniano Clavijo, Víctor Pérez Borrego…) para matar siempre a los mismos (Martí o Serrano). Ellos dividen en buenos y malos. Sin análisis. Por mero interés personal. Sin un atisbo de cariño al Tenerife.
Los que tuitearon durante meses proclamando que teníamos un Tenerifazo y se bajaron del barco tres días después del descalabro de Getafe. Los que generan en ti, aficionado, dudas y pesimismo.
Yo me resisto a eso. Prefiero mantener viva la imagen de Getafe con esos 1.500 valientes en la grada, gastándose cientos de euros para estar con su equipo, orgullosos de ellos. La imagen del Heliodoro lleno, la del comportamiento excepcional con el rival después de ganar al Cádiz. Esa energía positiva alimentará, empujará y hará más llevadero el largo camino a repetir.
La Liga, amigos, empieza el 19 de agosto. Habrá (probablemente) una plantilla competitiva para entonces y se irán/llegarán tantos futbolistas como en la gran mayoría de equipos de Segunda. Toca tener paciencia. Y ayuda que los primeros en llegar sean Juan Villar y Víctor Casadesús, inalcanzables hace un año para el Tenerife por su caché y nuestras aspiraciones.
Hay más razones para creer que para dar la espalda a nuestro equipo. No es el momento de regalar papeles de buenos y malos. Por eso, me niego a pensar que si se va un jugador tiene que haber un culpable, un malo. El chico por pesetero o el director deportivo por incapaz. Que el director general es bueno en todo y el resto de empleados del club, un desastre. Que los jugadores que se quedan no sirven y los que se van son unos cracks. Que no tiene mérito competir desde la humildad y con menos presupuesto que Granada, Sporting, Osasuna, Rayo, Zaragoza, Oviedo y otros tantos.
Es el momento de sumar, de creer. Si les cuesta, piensen en el último mes y háganse una pregunta: ¿Ustedes quieren ser los de septiembre o los de junio? Pongamos de nuestra parte y cerremos el paso a los que separan, dividen y siembran negatividad. Los cáscaras amargas no caben en el tinerfeñismo. Todos ustedes sí.