Por @Chusdeleon
40 años contemplo en mis andares de tinerfeñista, y en tantos quintales métricos que atesoro no recuerdo un derbi en el cual el Tenerife tuviese tanto que ganar y tan poco que perder. El domingo, los de José Luis Oltra tienen buena mano en la partida de cartas y eso ha de reflejarse en una oportunidad de oro para empezar a enderezar la barca de la estabilización de la categoría. Esta oportunidad se viene en la antesala del comienzo de la segunda vuelta del campeonato, y antes del verano de invierno. Justo a tiempo de todo.
Una U.D. en horas bajas
Y es que están los ánimos caldeados en la isla de enfrente. Miguel Ángel Ramírez se ha metido la reculada del año esta última semana. Lo que hace meses era el Borussia de Dormund de la segunda división española con más de 17 millones de euros de diferencia entre ambas instituciones, ayuda financiera por descenso (una clara adulteración del campeonato), mucha pasta para fichajes y un inicio arrollador… ahora, a dos días del derbi se ha tornado en un falso discurso derrotista que habla de permanencia, y de falsa modestia al “no estar a la altura del Tenerife”
Un partido para un estratega
Oltra tiene enfrente a un rival herido con un cambio de discurso a la deriva. A un equipo que no sabe a lo que juega y con un entrenador haciendo aguas en defensa mientras intenta instaurar un juego de pelota en un equipo que no fue diseñado para eso (Barroso comentaba hábilmente a Juan Manuel Rodríguez que fuera calentando banquillo el otro día en Radio El día). Si nuestro entrenador juega bien sus cartas y el Tenerife logra hacer algo de daño en los primeros 20 minutos se puede encontrar a un estadio de siete palmas de auténticas uñas contra su equipo. Todos sabemos lo mal que sienta por allá ver a un Tenerife que les domine (va contra su ADN) y las ganas que nos tienen. Un Tenerife bien plantado en el primer tiempo como en el partido de la copa Mahou y con un juego, paciente, estratégico y de elegir bien los momentos… podría poner de los nervios a la parroquia amarilla, y darles un zarpazo.
Juguemos bien nuestras cartas.