Cristo Donate | La diosa fortuna miró, por una vez, al C.D Tenerife a los ojos. Cuando todo parecía perdido, un mal remate de Isma López acabó en un control y remate de Tyronne, que se iba fuera, y que un defensa bermellón desvío para acabar haciendo el 2-2 final. No obstante, lo del Heliodoro es la historia de nunca acabar.
Un error en salida de balón de Alberto, una mala colocación de Dani Hernández y un gol en contra. 0-1. Esto ya lo hemos vivido antes. Un rival que cierra filas en bloque bajo, un Tenerife que aprieta, que dispara, que bombardea el área contraria y que vuelve el partido una montaña rusa de la que no suele salir beneficiado. Un equipo local que paga carísimo cada error. Un rival con un botín mayor del que merece. Una primera parte prototípica de lo que suele ser un partido en el Heliodoro Rodríguez López.
El equipo de Oltra le puso todo el corazón durante los primeros 45 minutos y se guardó el fútbol para la segunda mitad. Y ahí resucitó el Tenerife. Incluso cuando parecía sentenciado tras un maldito cordón que terminó con Dani Hernández en el suelo y con su autoestima bajo tierra. El portero venezolano es un buen resumen de lo que le está sucediendo a los blanquiazules durante la 18/19.
Aún así, el Tenerife sacó la que siempre ha sido su mejor arma cuando juega al calor de los suyos: la fé. Y a base de ésta, y de una evidente mejora futbolística, comenzaron a caer ocasiones hasta que Racic consiguió romper, por fin, la sequía goleadora. De segunda línea, como pedía Oltra.
El partido seguía siendo un calco de lo que se ve cada dos semanas en tierras tinerfeñas. Un rival que repliega muy junto, un Tenerife que aprieta por fuera y que no encuentra rematadores. El Mallorca se puso el traje de Getafe y decidió que no quería que se jugase más a fútbol, y los de Oltra cayeron en la trampa. Por un momento el encuentro bajó de revoluciones futbolísticas y se alejó de la portería del equipo de Vicente Moreno.
Apareció Suso, se inventó una segunda amarilla para Estupiñan y en el minuto 92, Tyronne encontró el premio a tanto trabajo durante los últimos meses. Controló un balón al borde del área y pegó un zurdazo que iba fuera, y que la diosa fortuna, y un defensa desacertado, colaron en la portería de Reina.
Y el Tenerife consiguió empatar un encuentro que media hora antes perdía 0-2. Y lo hizo Tyronne, que estaba defenestrado y que últimamente entraba el campo para hacer acto de presencia durante los últimos minutos. Y lo hizo llegando desde segunda línea, como Racic. El gol era cosa de todos.
Los blanquiazules se fueron a casa con la sensación de que no rescataron un empate, sino que se dejaron una victoria. ¿Les suena esa sensación? La llamaremos «el bucle del Heliodoro».