Por @beatrizpalmero
Decía Tucídides que la historia es un incesante volver a empezar. Pero, en lo que Miguel de Unamuno dio en llamar intrahistoria, en ese día a día de cada uno que nunca aparecerá en los libros de Historia, no siempre se presentará la oportunidad de volver al punto de partida, y mucho menos, cuando y donde queremos. Una segunda oportunidad para situarse de nuevo al principio con la misma ilusión pero con algo que no tenías al principio. Experiencia.
A algunos jugadores tinerfeños se les ha presentado de nuevo esa oportunidad. Volver a tu casa, donde siempre quisiste estar, pero de donde tuviste que partir por distintas razones. Unos porque no se les consideró en el momento maduros para el proyecto que se iniciaba, como Suso Santana o Cristo Martín; otros, porque se quedaban grandes para un proyecto que empequeñecía y que no podían permitírselos, como Ricardo; unos porque entendían que en casa no encontrarían la oportunidad que merecían, como Édgar; otros porque habían crecido más rápido que el proyecto y necesitaban volar para no ver cortadas sus alas, como Vitolo o Ayoze Díaz. Otros muchos han volado por estas mismas razones o por otras (Omar Ramos, Ayoze García, Ayoze Pérez, Airam Cabrera, Acorán, Xavi Annunziata, Bruno…). No todos volverán a vestir la blanquiazul, aunque seguro que la mayoría se fue con la magua de dejar su casa atrás.
Escribió Maruja Torres que “sólo por la belleza del regreso se explica la existencia de un sentimiento tan desinteresado como la nostalgia”. Todos ellos, los que han vuelto, lo han hecho porque les puede esa nostalgia, porque dejar atrás tu casa deja siempre una espina clavada, porque el sueño siempre es triunfar y llegar lo más alto posible con los tuyos. Pero las circunstancias del equipo y las personales no siempre van acompasadas.
Con la vuelta de algunos de ellos he escuchado a más de uno decir que no entienden ese afán de volver a tu equipo, como si fuera un asilo que debe recoger a los que tocaron la gloria o como si fuera un derecho poder retirarte en el equipo que te vio nacer. Yo siempre me sonrío. Nunca he visto a un tinerfeño volver por el sencillo placer de sentarse al sol a disfrutar de las ambrosías del Olimpo una vez cumplidas sus ambiciones. Si vuelven es porque no han encontrado nunca una satisfacción que iguale defender el escudo que quieres, por mucho que hayan vivido experiencias que jamás podrían haber tenido quedándose al calor del hogar. Porque si un día se fueron fue porque tenían hambre. Prefiero mil veces que se marchen con ambición en su corazón, como profesionales del fútbol que son, que diría Bruno, a que se queden en casa a ver cómo mueren de complacencia en la orilla de la playa. Que de esos también he visto muchos.
Y estoy segura de que habrá más, tendremos más retornados en un futuro próximo o lejano. Y yo siempre los recibiré con mis brazos de aficionada bien abiertos. Porque el que vuelve lo hace porque se ha buscado la vida con éxito fuera y, sobre todo, porque su sentimiento es blanquiazul.