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Basta, por @rondoscutillas

El Heliodoro albergó el choque de vuelta de la Copa Mahou, que se quedó en Tenerife gracias a la inspiración del guardameta Dani Hernández en la tanda de penaltis. Esta vez, por desgracia, la bronca ganó al fútbol. Allí y aquí.

Setién encendió la mecha hace 15 días al quejarse de la excesiva dureza blanquiazul en Gran Canaria y amenazar con traer al filial amarillo a Santa Cruz. Luego, tras el bochornoso espectáculo en el que fueron expulsados tres jugadores de la UD y Vitolo, pidió perdón si ofendió a alguien y le deseó lo mejor a la institución a la que faltó al respeto la vez anterior. Al técnico cántabro le diría que se ahorre sus buenos deseos. Que se centre en su casa. Y que, a ser posible, no se meta nunca más en la del Tenerife.

A diferencia de lo que hizo Setién en la ida con Iñaki Saénz, ignoro si Álvaro Arencibia quiso hacer daño o no a Nano en su entrada. Podría jugar a especular sobre si son las formas para emplearse en un partido de pretemporada. O incluso, como han hecho determinados medios de comunicación grancanarios, decir que la agresión a David Simón desencadenó las expulsiones de Las Palmas. Qué memoria más selectiva tienen los compañeros que cubren la información de la UD cuando obvian que Roque Mesa reaccionó de la misma manera hace dos semanas. Eso sí, con la diferencia de que a él nadie lo mandó al hospital por un ‘lance del juego’, como han calificado la manera de proceder del canterano amarillo con Nano.

Sinceramente, creo que el trasfondo de todo esto es el mal perder que, tradicionalmente, tiene la UD cuando no puede con el Tenerife. Especialmente cuando, como ha sucedido en los últimos años, los amarillos han afrontado los derbis desde una perspectiva de superioridad, ya sea en la clasificación o incluso de categoría. Es un complejo que arrastran desde hace años y una etiqueta incómoda de la que no son capaces de desprenderse ni a patadas. Y eso les duele demasiado.

Centrándome en el poco fútbol que pudo verse, me preocupó mucho más comprobar que el Tenerife, sin hacer un mal partido, tiene dificultades para robar el balón cuando, como el miércoles, coinciden en la finca adversaria Suso, Omar y Edu Oriol. Su presión sobre la salida del rival es demasiado tibia y sus ayudas a los laterales en tareas defensivas son prácticamente inexistentes. Tanto que, por ahí, llegó el gol de Las Palmas que desniveló el encuentro.

Luego, con superioridad de dos jugadores sobre los amarillos tras la catarata de expulsiones, el grupo de Martí fue incapaz de plasmar esa notable ventaja numérica en un dominio tangible y, sobre todo, desaprovechó la ocasión de hacer daño al eterno rival porque no se buscaron situaciones de dos contra uno en la banda. Y también porque Suso e Iñaki se empeñaron en centrar al área desde posiciones demasiado alejadas, en vez de tratar de poner en aprietos a la zaga amarilla profundizando desde el costado o encarando a su par una y otra vez.

Para el final me guardo el debate de si hay que repetir estos derbis en pretemporada o si, por el contrario, lo mejor es dejar que la competición oficial (este año solo puede ser la Copa) sea la que se encargue de establecer una nueva coincidencia entre blanquiazules y amarillos. Lo mejor es una reflexión en frío de los dos clubes de aquí al próximo verano. Porque, de corazón, sería una pena que el comportamiento de algunos obligase a tener que decir basta.