Por @rondoscutillas
Llegó septiembre. Y con él se cerró la persiana del mercado de fichajes hasta enero. No hubo novedades de última hora. Pero el Tenerife se queda con un equipo ciertamente competitivo. El transcurso de la temporada y el fútbol, tanto el que genere el grupo que dirige Martí como el que logren exhibir el resto de los rivales en la categoría, marcarán el lugar en el que se moverán los blanquiazules durante los próximos meses. Y, aunque aún sea demasiado pronto para hacer juicios rigurosos, todo apunta a que estarán cerca del ático de Segunda.
Disfrutan los isleños de un liderato ganado a pulso. Nadie, excepto el Tenerife, logró enlazar dos victorias en las dos primeras jornadas. Un periodo en el que todos, además, han sumado ya algún punto. La Liga anda aún desperezándose y mientras en el Heliodoro, por fin, han puesto el despertador en hora para arrancar como un tiro, hay otros equipos, como el Granada de Oltra, a los que se les ha enredado la etiqueta de favoritos y aún no han conseguido salir de la cama para ponerse en marcha.
Dejando los resultados a un lado, me quedo con las sensaciones. Me gusta que el Tenerife haya empezado el campeonato con hambre. Y que el entorno también la tenga. Tras muchas temporadas de ayuno y hastío, hay argumentos para ser protagonistas y empacharnos de ilusión este curso. También este año hay más nivel futbolístico, más fondo de armario y hasta más recursos a la hora de gestionar qué hacer con el balón para tenerlo o para hacer daño al rival de turno.
El encuentro de este domingo en Zorrilla es de esos que, pese a lo temprano que caen en el calendario, hay que subrayar en rojo en el calendario. No es casualidad que los operadores televisivos lo hayan elegido como el ‘partidazo’ de la categoría justo en la semana que no hay fútbol de Primera. Y, ciertamente, tengo ganas de que llegue el momento de sentarme en el sofá para ver si el Tenerife sigue con la sintomatología de adecuado progreso que ha apuntado, con nota incluso, en ciertas fases de los choques ante Zaragoza y Barcelona B.
La semana, sin embargo, ha estado bajo el foco de dos nombres propios. Dos canteranos. Uno, Nano Mesa, al que se pretendía repatriar del exilio al que voluntariamente se sometió yéndose al Éibar por consejo de sus representantes el verano pasado. Y otro, Jorge Sáenz, que tuvo sobre la mesa la posibilidad de dejar el club en el que ha crecido y debutado en la elite para sucumbir a la misma tentación que tuvo su ex compañero blanquiazul en agosto de 2016.
Nano ha preferido irse al Levante que volver al Tenerife. Está en todo su derecho. Pero ha vuelto a equivocarse. Él y sus representantes. Entiendo que quiera triunfar en Primera, pero creo que aquí hubiese alcanzado el cariño y el calor que necesita. El Heliodoro se hubiese venido abajo a la mínima demostración de su talento. O de su trabajo, que también lo entrega a raudales. Martí le había guardado un sitio en el vestuario. Y él sabía que el club, en un gesto honrado, lo esperó hasta el último día con las puertas abiertas. Como él mismo escribió en su cuenta de Twitter: “todo lo que pasa, pasa por algo. Y lo que no pasa, también”. Pues eso mismo. Tú lo has querido así y has renunciado a volver. Cuánto mejor te vaya, mejor le irá al Tenerife a la hora de cobrar el porcentaje de un posible traspaso cuando el Éibar decida venderlo.
Jorge Saénz, en cambio, ha decidido quedarse. Ha renunciado a irse a Primera (por ahora) porque es inteligente. Quizá lo esté el próximo verano con la misma camiseta que ahora defiende. O quizá no. Pase lo que pase, sabe que aquí será protagonista y que tendrá los minutos necesarios para plantarse en junio de 2018 con apenas 21 años y casi 80 partidos de experiencia en Segunda. Acaba de estrenarse con la Sub21 y su internacionalidad le va a convertir en un auténtico caramelo para los clubes más poderosos. Ahora que aún hay dinero en caja, bien haría el Tenerife en revisarle el contrato y, sobre todo, la cláusula porque con apenas 3,5 millones de euros es un futbolista con mucho futuro y, sobre todo, demasiado barato.