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Ayoze y la resignación (5-2-14)

Por @JF_Rojas

Cuando Cervera habló el domingo sobre la situación de Ayoze pensé que el técnico metía la pata hasta el fondo. Un entrenador no debe manifestarse, y mucho menos públicamente, sobre un asunto que sobrepasa sus competencias. Menos aún cuando encima, como es el caso, saca a colación una cuestión estratégica para el futuro del club que presumiblemente está en el aire. El problema es que el paso de los días le ha ido dando la razón al punto de que hoy no parece que se equivocara sino, más bien al contrario, que hizo bien sacando el tema de las sombras. Su indiscreción, llamémosla así, ha obligado a que los actores de la historia pongan las cartas boca arriba, empezando por el Tenerife y terminando por el representante del chico.

Escribía aquí hace unos meses que con la renovación de Ayoze no sólo se debatía la continuidad de un grandísimo jugador sino la credibilidad de un modelo. La aparición de un futbolista de esta dimensión, en este momento histórico del club, era un regalo impagable. Una señal a la que podría aferrarse el Tenerife para construir su futuro. Estas oportunidades se presentan una vez en la vida como puntos de inflexión. Apostar por Ayoze sería apostar sólidamente por un modelo de cantera, lanzando un mensaje de reconocimiento y ambición a los filialies y la afición, además de afianzar una inversión que, en pocos años, podría representar una verdadera solución económica en lugar del parche que es ahora. En ese sentido Ayoze era un regalo caído del cielo.

El problema es que Concepción tiene por costumbre cargarse estas oportunidades. Hace unos años su pasividad tiró por la borda la corriente a favor más potente que ha encontrado el club en la Isla. Ríos de entusiasmo y complicidad provocados por el ascenso a Primera se fueron por el sumidero cuando el presidente decidió no gastar un duro en reforzar al equipo. La coartada entonces fue la misma que ahora. No había dinero y por tanto no podía permitírselo. Sobra comentar que el resultado de tan responsable medida de austeridad fue desastroso. Dos descensos encadenados y más ruina económica. Noten, por cierto, que en aquella época no estaba Quique, esa diana hacia la que todos apuntan como responsable del callejón sin salida en el que ha terminado la renovación de Ayoze.

Si me preguntan por el futbolista y su representante les diré que ellos sabrán lo que les conviene. Diría que lo ideal para el jugador sería un par de años más en casa, consolidándose y curtiéndose como el líder de un equipo puntero. Pero ellos son libres para hacer otra cosa. Son libres incluso para amenazar la carrera más prometedora que ha salido de Tenerife a cambio de ganar unos euros más lo antes posible o de satisfacer ciertas antipatías personales. Allá la conciencia de cada uno. El que no era libre para negociar a su antojo este asunto era el presidente del Tenerife. Concepción estaba obligado a hacer todo lo posible por garantizar que Ayoze prolongara su contrato en lugar de enrocarse en ese conformismo -es lo que transmite cuando se manifiesta sobre el asunto- que él llama prudencia.

Esa prudencia del presidente que ya costó tan cara tras el efímero paso por Primera, arrastra a la institución por el camino de la mediocridad y la resignación. Eso de que quizás Ayoze sea mucho jugador para el Tenerife es una manifestación muy propia del club que han construido. Humilde en el peor de los sentidos. Conformista e incapaz de soñar hasta extremos patológicos. Una clase de club que al menos a mí no me interesa nada. Probablemente vaya contra todo ese rollo del birria sufridor pero cada vez empatizo menos con una entidad tan acomodada en sus limitaciones y tan resistente a arriesgar. Siempre consideré el fútbol como un espacio para el sueño y la ilusión. Para darme golpes de realidad y de miseria ya tengo otras cosas.