Redacción Deporpress | Paladas de decepción tras pequeñas píldoras de ilusión. Esa ha sido la rutina del equipo blanquiazul desde que llegó José Luis Oltra. Al Tenerife siempre le han cortado las alas antes de que comenzase su despegue. Y por eso ha pasado toda la temporada mirando el precipicio en primera fila.
Parecía que la llegada del querido técnico valenciano otorgaría al club la paz, la tranquilidad y la estabilidad que necesitaba. Un hombre de la casa, con pasado exitoso, y que generaba consenso en todos los estamentos del club. Sin embargo, la realidad ha sido otra. Oltra no ha conseguido ‘dar con la tecla’, como ha dicho en más de una ocasión, y el Tenerife ha sido un continuo ir y venir de jugadores, alineaciones, sistemas, variantes… un equipo sin identidad aferrado a la heroica que, al menos, ha permitido que a seis jornadas del final no haya caído a zona de descenso.
Es curioso como, en un año donde el Heliodoro ha visto remontadas históricas a Osasuna o Alcorcón, el feudo blanquiazul ha perdido su aura de inexpugnabilidad. Los equipos visitantes le han perdido el respeto. Ya son varios los equipos que han llegado a la isla a proponer, algo impensable en otro momento, y que han dejado al Tenerife sin capacidad de respuesta. En su propia casa.
El Tenerife llegará al derbi en un momento álgido de esta ‘montaña rusa’ en la que vive. Tras ganar al Rayo Majadahonda como visitante tras más de un año sin hacerlo, todo parecía de cara para firmar la permanencia y vivir con relativa tranquilidad el final de temporada. Había que ganar al Almería, puntuar en Extremadura y disfrutar del derbi en el Heliodoro. La hoja de ruta estaba marcada hasta que los andaluces asaltaron el otrora inexpugnable fortín y el equipo cayó en el Francisco de la Hera. El plan, como todos en La Liga 1|2|3, saltó por los aires.
Esta es una competición que no permite ningún exceso de confianza y el Tenerife ha transmitido la sensación de relajarse siempre que realiza un partido convincente. Y entonces ha caído de nuevo a la lona. Ahora tendrá que relamerse las heridas si no quiere que el eterno rival, que viene de reencontrarse consigo mismo ante el Lugo, le envíe a la zona roja en su propia casa.