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Así llega el Tenerife al clásico del fútbol canario

Redacción Deporpress | “Hay que ganar con autoridad, sin dudas y con regularidad, que consiste en mantener comportamientos parecidos durante un tiempo prolongado”. Esta frase del técnico argentino, Marcelo Bielsa, podría extrapolarse a la necesidad imperante que viene persiguiendo el CD Tenerife desde hace mucho tiempo. Un camino que le lleve hacia la estabilidad durante un espacio temporal duradero. Una meta cuya receta perfeccionista continúa lejos del alcance de lo que persiguen Aritz López Garai y Víctor Moreno. Porque falta mucho trabajo.

El Tenerife mezcla el blanco con el negro. El sabor dulce con el amargo. La alegría con la tristeza. Un equipo que se está haciendo desde cero con un estilo de juego basado en el protagonismo y en la priorización del juego ofensivo. Centrarse en la portería contraria sobre la propia. Construir los cimientos desde arriba hacia abajo. Pero conlleva una sincronización que de momento no se ha producido. Altos niveles de posesiones, presión alta y una línea adelantada que sepa resguardarse ante las acometidas y juego largo de su rival. Una tarea que la escuadra comandada por el técnico vasco no termina de interiorizar, costando errores graves en forma de penalizaciones de cara al arco defendido por Ortolá.

Las ocho dianas encajadas –peor defensa en términos cuantitativos junto a la del Deportivo- son motivo de preocupación. Ningún aspirante puede optar al objetivo mínimo si no corrige tan tremebunda deficiencia. Los buenos primeros 45 minutos contra el Zaragoza o la pegada ante el Numancia contrasta con esa fragilidad en la retaguardia traducida de forma gráfica en 270 minutos de juego. Maños, sorianos y bercianos metieron mano sin excesivos problemas al equipo insular, especialmente a través del juego directo.

Esa perseguida y ciertamente utópica regularidad obsesiona a este Tenerife. Crecer a través del juego, de la eficiencia en las áreas y del factor resultadista. Porque cualquier idea o modelo de juego, por atractiva que sea, cae como un castillo de naipes si no viene acompañada de puntos en el casillero. Y eso que se ha aprendido de los errores. Al menos, en cuanto a personalidad propia se refiere. El giro en el guion del curso pasado casi conlleva el descenso a los infiernos, en una película de suspense que podría haber firmado el mismísimo Alfred Hitchcock. La contratación de perfiles de entrenadores con ideas radicalmente opuestas magnificó el objetivo básico de la permanencia.

Dicen que la paciencia es una virtud. Pero el Heliodoro está ávido de alegrías. Y no solo cuando el equipo juega de local, sino también de sonrisas cuando toca verlo desde el sillón de casa o mientras acompaña con un picoteo los 90 minutos desde un bar para ver el amor de unos colores. El Tenerife debe olvidarse de la montaña rusa para abonarse a la línea de la regularidad.

El derbi canario podría por fin ser uno de esos puntos de inflexión definitivos. Como esa medicina natural o química que mejora tu estado de ánimo o tu paz interior y exterior. El lavado de cara con el preparador de Barakaldo necesita resultados para crecer. Y eficiencia en las áreas. Una buena imagen ante su mayor rival deportivo, la UD Las Palmas, podría ser el primer paso hacia una recuperación para afrontar de una vez por todas una temporada donde la ilusión se imponga sobre la preocupación.