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Redacción Deporpress | El Tenerife sufrió su primera derrota de la temporada tras ingerir un poco de su propia medicina. Apostó Fran Fernández por jugar de forma directa y utilizar los centros desde los costados, casi siempre de los laterales Moore y Álex Muñoz, como la mejor fórmula posible para intentar traerse los tres puntos de Santo Domingo.

Es a lo que juegan la mayoría de equipos de Segunda. No tomar riesgos. Dejar que pasen los minutos. Y ser pacientes. Esperar a que alguien aproveche alguna de las oportunidades que se plantee y luego, ya con viento a favor, que sea el rival quien se exponga para intentar enjugar la diferencia en el marcador. Entonces sí que es el momento para aprovechar y desnudar aún más sus carencias.

La teoría es magnífica. Sobre todo cuando el plan te da para no pasar demasiados apuros y ser mejor que tu adversario durante 70 minutos en los que, además, Ortolá había sido un mero espectador. El problema llega cuando te toca interpretarlo siendo un equipo con tanta tendencia al regalo y el error como ha sido el Tenerife en las últimas temporadas. De esta forma, cuando llega la práctica, se demuestra que solo es necesario tener un poco de mala suerte para que te conviertas en la víctima de tu propio planteamiento.

El partido se decidió en un detalle. Un balón desde el costado, el enésimo de los que entraron en las áreas de los dos equipos, llegó hasta el punto de penalti. Fueron a por él Bruno Wilson, que había estado imperial hasta esa acción, y el recién ingresado Barbero. El delantero del Leganés contactó con la pelota, esta dio en el muslo del luso y la pelota quedó a los pies del delantero alfarero, que se giró con rapidez para fusilar al guardameta blanquiazul desde el borde del área pequeña.

Quedaban 17 minutos por delante. En teoría tiempo suficiente para intentar algo. Salió Suso por un extenuado Bermejo (que no había seguido la subida de Laure en la jugada del primer gol) y Jacobo González se fue a la izquierda. Lo ideal era que pasase algo. Pero algo que no fuese encajar otro gol apenas un poco más tarde. Fue en un saque de banda. En dos duelos consecutivos perdidos por los dos centrales del Tenerife, que habilitaron, al estar fuera de su sitio, a Hugo Fraile para que empaquetase la victoria alfarera.

Lo peor no es perder un partido que, en teoría, estaba controlado y en el que habías sido superior a los puntos. Lo peor fue comprobar, una vez más, que el Tenerife no ha cambiado. Sigue sin aprender que en esta Segunda División, en partidos como el de hoy en Santa Domingo, gana siempre el equipo que es mejor en las áreas.