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Arañas

Por @rondoscutillas

El CD Tenerife navega por agosto con las cosas claras. Sabe lo que quiere y, aunque no tenga el músculo financiero del pasado verano, saldrá con un proyecto competitivo en la Segunda División más interesante de los últimos años.

Es evidente que ha perdido mucho gol. La marcha de Longo, que ha encontrado por fin su sitio en Primera con el Huesca; y la de Víctor Casadesús, que ha preferido un rol de mayor relevancia en el Alcorcón tras un curso lleno de altibajos en la isla, suponen añorar un buen puñado de goles.

Han sucedido, además, cosas inesperadas en el plazo de la última semana. Nadie esperaba que Juan Villar quisiese marcharse. Pero el dinero de Osasuna lo convenció para concluir su etapa en el Heliodoro y, con su salida, el Tenerife perdió al jugador de banda con más definición de toda la categoría. Villar es un factor diferencial para el que lo tenga. Y los navarros, con la liquidez de la venta de Quique González al Deportivo, pudieron hacerse con sus servicios.

La despedida de Villar ha supuesto la consecución de un objetivo, José Naranjo, que figuraba en la agenda de Alfonso Serrano desde hace años. Concretamente desde que, en el curso 2015/16, firmase 16 goles en 38 partidos con la camiseta del Nástic de Tarragona.

Los blanquiazules, a mi entender, salen ganando con el cambio. Se va el mejor banda derecha de Segunda, con 30 años y un extenso historial de lesiones musculares en la isla que le hizo perderse 17 jornadas del último campeonato, y lo hace dejando en las arcas del Tenerife algo más de 800.000 euros. La mitad de ese dinero ha ido destinado a adquirir el 50% de Naranjo, un punta con 24 años recién cumplidos y un prometedor horizonte. Se marcha alguien que no quería estar aquí y llega un jugador que, como Luis Milla y Bryan Acosta, entiende que está en el mejor escaparate para crecer deportivamente y convertirse en un futbolista de éxito.

Lo mejor de esta historia es que todos están contentos. Villar va donde quiere jugar, Naranjo llega al club al que había dado su palabra, Osasuna refuerza su parcela ofensiva, el Genk belga obtiene rentabilidad por un delantero infrautilizado (y se asegura un millón de euros adicional en caso de ascenso blanquiazul). Y el Tenerife aumenta su valor patrimonial con un jugador joven y con talento.

En esta operación quíntuple de clubes y futbolistas ganan todos. Se ha priorizado el beneficio común de manera global por encima de victorias individuales que, en el fondo, también se logran gracias al grado de cooperación colectiva mostrada por todos los agentes implicados en la transacción.

Quizá ese ‘todos ganan’ sea solo un síntoma más de que las cosas, por fin, están cambiando en el Tenerife. Un club que avanza. Que se rebela a perder potencial deportivo pese a no disponer de los recursos económicos o la gloria del pasado. Y que, además, mima a sus aficionados. Luego empezará la Liga y se resolverá la incógnita actual. Veremos si da o no da con lo que hay. Si podremos ilusionarnos de manera tangible o si será un curso para sufrir. Mientras tanto, nos queda la esperanza de seguir andando juntos. Viviendo cada paso del viaje. Y recordando que, por muy poderoso que sea el rival, hay un proverbio etíope que dice que si las arañas tejen juntas y en silencio, pueden ser capaces de atar a cualquier león dormido.