Por @jf_rojas
Imprevisible. La canción más repetida antes de cada derbi es esa que dice que las trayectorias no importan. La cosa es así. Los partidos de rivalidad máxima se juegan en una burbuja que aísla a los equipos de sus tendencias. Por si esto fuera poco para despistar los pronósticos, en este caso hay que sumar que Tenerife y Las Palmas vienen dando señales equívocas. El equipo de Agné se presentará en el Siete Palmas en pleno proceso de adaptación a las directrices de su nuevo técnico de modo que tanto puede esperarse que continúe por la buena línea del Valladolid como que dé el petardazo cogido como está con alfileres. La Unión Deportiva tampoco pasa por el mejor momento de la temporada pero nadie puede asegurar que un partido de esta naturaleza no saque su versión de líder de la categoría. Mirando a la clasificación Las Palmas se presenta como clara favorita pero la realidad es que a día de hoy casi cualquier cosa parece factible.
Canariedad. Otro debate habitual en estas fechas es el de la importancia de la canariedad en la plantillas. Como es habitual, las posiciones suelen alinearse en los extremos y mientras que los defensores a ultranza de la cantera la consideran factor determinante, sus antagonistas defienden que se trata de un argumento demagógico que sobreestima un dato puramente anecdótico. El sentido común inclina a pensar que sin ser un elemento decisivo, sí tiene que influir por fuerza en la intensidad y compromiso de los equipos. El extra de motivación imprescindible para jugar estos partidos viene de serie en los futbolistas criados en ambas canteras de modo que el equipo que cuenta con ello arranca con una ventaja frente a su rival. Posiblemente la canariedad de las plantillas no explique los resultados ni meta goles pero discutir que sea otro de los muchos factores a tener en cuenta en el análisis de los derbis es negar una evidencia.
Intensidad. Tan indispensable como peligrosa, en estos partidos la intensidad debe dosificarse en cantidades exactas. Un encuentro así puede echarse a perder tanto por exceso como por defecto de modo que el Tenerife haría bien en calibrar el punto de agresividad que necesite en cada momento tal y como hizo en los últimos derbis. De hecho, si estas semanas venimos pidiendo cambios al equipo, lo ideal es que en este apartado no se note el relevo en el banquillo. El estilo de fútbol de Cervera y su minucioso estudio del rival nos brindó derbis inolvidables en los que el Tenerife supo explotar su condición de menos favorito. Sentirse superior suele jugar muy en contra en este tipo de partidos y los amarillos, líderes de la categoría y con una plantilla superior a la del Tenerife, están escaldados respecto a lo que ocurre cuando se juega con suficiencia. El domingo sabremos si unos y otros han aprendido algo de los últimos enfrentamientos. Hasta entonces habrá que seguir disfrutando de unos días previos que dan para casi todo.