Acepto, desde esta semana, la invitación de Deporpress para colaborar con un punto de vista personal sobre el acontecer del baloncesto a lo largo de una nueva temporada muy próxima a comenzar. Y lo hago, como no puede ser de otra manera en esta primera intervención, con el dulce sabor que dejó este deporte en los recién finalizados Juegos Olímpicos de Río.
Nuestra selección masculina, que nos tenía acostumbrados a ser protagonista en las últimas ediciones con dos medallas de plata en Pekín y en Londres, tampoco falló a su cita con el pódium en Brasil. Una medalla de bronce que solo se puede calificar de éxito absoluto. Fue de menos a más en el torneo, acusando, en el inicio, una corta preparación, sin tiempo para definir los roles, pero que fue creciendo a base de compromiso, primero, y de baloncesto, más tarde. Satisfacción que los tinerfeños multiplicamos por mucho con el protagonismo que tuvo Sergio Rodríguez.
Al éxito de la selección masculina se sumó el de la femenina. Nos enganchamos a sus partidos desde el primer día. Raza, coraje, ilusión,…fueron algunos de los valores que se sumaron a un trabajo táctico muy disciplinado, cometiendo muy pocos errores de equipo y generando las mejores situaciones ofensivas para jugadoras determinantes en esa faceta como Alba Torrens, Astou Ndour, Marta Xargay o Anna Cruz, esta última protagonista de la canasta más importante de la historia del basket femenino en unos juegos, en un final agónico ante Turquía en los cuartos de final. También desprendió orgullo canario ese grupo con tres jugadoras formadas en la cantera del Islas Canarias de Domingo Díaz y Begoña Santana. Recompensa muy merecida a un trabajo de muchos años con tantas niñas.
Los Juegos acabaron y de estos éxitos habría que recoger un legado. Sería imperdonable gestionarlos solo desde el halago. El baloncesto español va a afrontar una temporada muy compleja. Al éxodo de nuestras jugadoras a otras ligas, en las últimas temporadas, se le va a sumar, este año, el del masculino. La NBA ha desatado el mercado y de los doce jugadores de nuestra selección, siete jugarán en esa liga. La ACB perderá un marketing incuestionable.
Pero el reto está en aprovechar el tirón con los más pequeños y con las más pequeñas. Ahí debemos aunar esfuerzos. Y hacerlo con el ejemplo del éxito colectivo de ambas selecciones, que se sustenta desde valores individuales como el esfuerzo, la perseverancia, la generosidad hacia el grupo. Eso es lo que hizo crecer a nuestros dos equipos de basket en los Juegos. Las alegrías de los que jugaron menos, la humildad de los que más lo hicieron y el respeto al orden y a la disciplina.
Solo unos pocos llegarán a tener la calidad deportiva de Sergio, de Leonor, de Leticia o de Ndour, pero a todas y a todos, desde esa ilusión y esos éxitos recientes, se les debe seguir dando la oportunidad de formarse como personas con la excusa de practicar un deporte que les motive, el baloncesto.