Por @juanjo_ramos
Hay gente a la que Luis Miguel Ramis no le gusta desde que fue elegido y otros que se incorporaron a ese grupo la temporada pasada cuando, con una plantilla muy mejorable, el Tenerife peleaba por salvar la categoría a base de sostenerse defensivamente y cazar alguna en ataque con lo poco que tenía. Aburría a las ovejas, claro. Pero es que no daba para más.
Dijo entonces Ramis que, con otros mimbres, haría otro cesto después del verano. Y ha cumplido. Ocurre que aquellos que apostaron por su relevo a final del curso pasado andan escocidos por un inicio liguero que les quita la razón. Y claro, se han agarrado a estas dos derrotas argumentando que el propio Ramis se ha cargado, con sus decisiones, lo que él mismo ha construido.
¿Cómo se construye un discurso así? Obviando datos para que la realidad no estropee tus prejuicios. Porque el Tenerife juega igual ahora que cuando ganaba. Y ni ahora es un desastre (fue mejor que el Eibar y tuvo más ocasiones) ni entonces una maravilla (ganó de aquella manera en Fuenlabrada y mereció perder en Oviedo).
Se le critica al entrenador blanquiazul un supuesto paso atrás, una vuelta al conservadurismo. Como si en Valladolid o en Huesca hubiera ganado el Tenerife con un 70% de posesión y apabullando a su rival. La pareja Michel/Aitor, dos de los mejores pivotes de la categoría, es la diana del asunto. Aunque fueran titulares en El Alcoraz, pero no en dos de las cuatro derrotas del equipo. De nuevo obviando datos. Como la ausencia de un delantero por la lesión de Enric Gallego.
Y ahí estamos, jornada 12, en la mejor posición desde el retorno a Segunda en 2013 y con más puntos que el año del ascenso (08/09). Pero discutiendo al entrenador porque no gusta su tipo de fútbol. Así somos. Bueno, son algunos.
De eso se aprovechan los de siempre, claro. Que anhelan el caos de temporadas anteriores. A estas alturas ya habíamos decapitado (o estaba la cabeza sobre la guillotina) de Fran Fernández, López Garai o Joseba Etxeberria. Y el discurso había girado del campo a los despachos para pedir un relevo en el consejo y preparar una junta calentita.
Ahora que tenemos un proyecto ganador nos ponemos a discutir sobre el modelo. Sin entender que no estamos obligados a pelear por el ascenso por potencial de plantilla, sin tener la paciencia que requiere un grupo comprometido y que compite en cada partido. Un equipo con carencias, claro, pero del que te puedes sentir orgulloso. Incluso cuando pierde.
Como decía el maestro Salvador García Llanos: ¡Irredento Tenerife!