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Angustia

Por @rondoscutillas

El Tenerife transita por uno de esos momentos complicados que, por desgracia, echa raíces cada curso en el vestuario del Heliodoro. La ansiedad ha acampado en su interior y, por mucho que pretendan desahuciarla, se hace cada vez más fuerte. Amparada en las famosas dinámicas del fútbol, se alimenta semana a semana de la ausencia de resultados positivos, parapetada tras el muro de las seis jornadas sin ganar que llevan los blanquiazules.

He escrito hasta la saciedad sobre las razones que han llevado al equipo que dirige José Luis Martí a la situación en la que se encuentra. Repetirlas esta semana sobra. Fundamentalmente porque son las mismas. Y no es mi intención cansarles. Ni construir esta columna sobre adjetivos que no arreglan nada y solo amplifican el devastador efecto del cabreo con el que vivimos los aficionados desde hace ya más de un mes. Solo apuntaré que cinco puntos con respecto a la zona de playoff ya es un margen lo suficientemente serio como para preocuparse. Sobre todo porque, si prosigue la sangría actual, el Tenerife corre el riesgo de llegar al mes de enero a años luz del objetivo que se trazó al principio de este curso.

Por eso, celebro que los directivos, con el director general Víctor Pérez-Borrego a la cabeza, consideren que el relevo del entrenador, ese paracaídas que se activa de manera recurrente cuando los resultados no llegan, esté descartado. El aprendizaje de otras temporadas nos ha enseñado que armar la espoleta de cuestionar al técnico es darse un tiro en el pie y solo propicia división, conflictos y aún más presión en un entorno ya de por sí complicado.

También me gusta que Martí esté relativamente harto de que los técnicos contrarios alaben la propuesta que realiza y se quede una y otra vez sin el premio de la victoria. No esperaba menos de él. Es una persona práctica. Como futbolista era un ganador y hace bien en trasladar ese carácter competitivo a su experiencia en los banquillos.

Hace bien la plantilla en responsabilizarse de la situación. Al fin y al cabo son ellos los que juegan, los que aciertan y los que yerran en cada partido. Solo espero que la autocrítica global que ha caracterizado las comparecencias de los futbolistas en la sala de prensa estos días se traslade el sábado sobre el verde. Ahí es donde hay que hablar de verdad. Nadie les discute el compromiso que ponen en cada partido. Pero ahora, en este tipo de situaciones, es cuando realmente llega el momento de que aparezcan los líderes del equipo y muestren los galones. Y que todos se dejen hasta lo último que les quede dentro para conseguir ganar al Rayo.

No hay otra.  El estado anímico es, sinceramente, lo que más me preocupa de cara a esta semana. Si el Tenerife es capaz de domar el sufrimiento que le están provocando las seis semanas sin ganar y las ocasiones de gol que desperdicia una jornada sí y otra también, afrontará el partido con la dosis de autoconfianza imprescindible para medirse, en un choque de exigencia, ante un recién descendido de Primera.

Desde la grada tenemos este sábado una maravillosa oportunidad para brindar cariño y demostrar que somos una afición madura. Para alentar en vez de silbar. Para aplaudir. Y, por qué no, hasta para disfrutar. Es imposible que las cosas salgan peor que en el último mes. El fútbol son dinámicas y la buena volverá. Solo hay que empujar para que aparezca cuanto antes y darle, entre todos, una patada a la maldita angustia.