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Anclados

Por @beatrizpalmero

En el fútbol, a veces, hay situaciones incomprensibles. Este lunes Pedro Emanuel dejaba de ser entrenador del Almería, un equipo que marcha segundo en la clasificación, ocupando puesto de ascenso directo. A diez puntos del líder, sí, pero segundo.

Cese y puesto de ascenso directo parecen dos circunstancias que no encajan muy bien. Si nos vamos al detalle, podemos apuntar que en las últimas ocho jornadas, los rojiblancos sólo han logrado una victoria; en las otras siete, dos derrotas y cinco empates. En el Tenerife la racha es similar, una victoria en esos ocho partidos, sólo que las derrotas se elevan a cuatro y los empates se quedan en tres. La diferencia en la clasificación es mucho más clara: el Tenerife no está en puestos de descenso por la diferencia de goles, un gol menor que Oviedo y Málaga, que es quien abre la zona roja.

Desconozco el clima que se respira en Almería, la relación del entrenador con sus jugadores o con la directiva y los motivos reales de esa destitución. Pero no deja de resultar sorprendente que se realice un cambio de entrenador cuando se cumple un tercio de la liga ocupando puesto de ascenso directo. Igual de sorprendente que me resulta que en Tenerife haya cierta indiferencia respecto a su situación actual.

Lo que más escucho es que, claro, ahora el equipo blanquiazul tiene una idea. Pero, hoy por hoy, es una idea que no supone ganar partidos. Cierto es que, al menos, se ha frenado la sangría de goles encajados en los últimos dos encuentros pero, para ganar, hay que hacer goles, y para marcar goles hay que generar ocasiones. E insisto en una apreciación que hice hace ya unas semanas: no parece existir un plan B para cuando esa idea no es resolutiva. No veo variantes, alternativas a la apuesta inicial de un partido, soluciones a determinadas situaciones del partido que impiden que ese plan A sea efectivo. Y eso es lo que me preocupa, porque ya sabemos lo que es descender agarrados a una idea que nos gusta, y por eso sabemos también que el consuelo de morir diciendo “al menos jugamos a algo” no nos libra de sufrir luego el infierno.

Urge una reacción, un plan B e incluso un C. Si tenemos que morir con el proyecto de López Garai, que sea porque creemos ciegamente en él, jugadores y afición, porque vemos que es capaz de buscar soluciones cuando el equipo las necesita, porque vemos que es capaz de solucionar problemas para mejorar la versión de este Tenerife, pero no por anclarse a una roca a esperar que pase la tormenta, porque, a veces, quedarse anclados esperando a que mejoren las circunstancias que no dependen de uno, nos puede llevar a acabar en el ojo del huracán.