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Amor

por @juanjo_ramos

Dicen que las fases del amor son las del enamoramiento, el romanticismo, el compromiso y el compañerismo. En cada una de ellas se valoran cosas distintas, pero tienen algo en común: el objetivo de la convivencia y de llevar a buen puerto una relación entre dos partes.

La masa social del Tenerife se encuentra ahora en fase de enamoramiento. Los últimos resultados han acercado a la gente al equipo. Sirva como prueba la notable afluencia (sin promociones por medio) al Heliodoro del pasado domingo. Lastimosamente no acompañó el resultado, lo que hubiera significado un espaldarazo en esa ilusión que despierta.

Paralelamente, las buenas intenciones de Víctor Pérez Borrego han generado también ese hormigueo en clubes de fútbol regional y peñas. Parece que el director general ha trasladado justo lo que la otra parte quería oír. Cuenta con la credibilidad del que quiere cambiar las cosas, del que sabe escuchar, del que ofrece una cara más amable que sus predecesores.

Pero de momento, en los dos ámbitos la respuesta es aún dubitativa. Como cuando se inicia una relación recordando otra tormentosa sufrida con anterioridad. La afición y el entorno quedan a la espera de que las promesas pasen a ser hechos. Quieren ver al equipo entre los seis primeros, jugando algo mejor y teniendo, sobre todo, un comportamiento estable. Y les gustaría que su club estuviera, de verdad, más cerca para ganar en arraigo e identificación. Para ir más allá en la relación. Pasaría entonces a la fase del romanticismo, que es la mejor manera de recorrer de la mano un camino ilusionante hacia un objetivo definido.

A la tercera fase, la del compromiso, se pasa una vez logrado el éxito. Si juntos se ha llegado hasta ese punto (pongamos un ascenso a Primera), es que va tocando oficializar el vínculo. Pero no es menos cierto que la confianza, como en cualquier relación, no puede empezar de cero. Hay que creer algo de partida o estaremos condenados al fracaso. Los gestos, en forma de decisiones sociales desde la entidad, deben convertirse en un apoyo a la hora de generar un crecimiento de esa confianza inicial.

De la última fase, la del compañerismo, ni escribo. Queda tan lejos en Tenerife que la mirada a ese horizonte no da. Pero si no tenemos la esperanza de alcanzar ese punto en la relación, mejor sería no seguir adelante. Y amigos, cuando estamos en fase de enamoramiento (como ahora) nada te hace pensar que no cruzarás la meta del final feliz.