por @juanjo_ramos
Saben mis amigos que siempre me posiciono. Algunos me dicen que demasiado, que debería ser más prudente. Y seguro que, en ocasiones, han tenido y tendrán razón. Pero a la hora de opinar/actuar sobre un tema prefiero pecar por exceso que por defecto. Es verdad que, profesionalmente, me ha costado algún disgusto tiempo atrás. Entonces y ahora me refuerza el hecho de tener la conciencia tranquila, de haber elegido libremente aun a sabiendas de que mi postura podría ser impopular o acarrear consecuencias. “Con la verdad por delante se llega más lejos”, han defendido siempre en casa. Así procedo.
Por eso, ver a Gerard Piqué dando explicaciones durante 35 minutos y sin responder a la pregunta clave me dio pena. Una persona no tiene por qué significarse políticamente en público. Lo hace si quiere. Es verdad que él, como referente social que es, arrastraría hacia su posición a miles de personas. Pero la excusa de la influencia no sirve cuando esa misma influencia la has utilizado durante años para defender tus ideas. A menudo tan valientes como defender a tu club, criticar a árbitros, bromear con la rivalidad o hasta atizar a algunos medios de comunicación.
Esa misma valentía, ese paso al frente que se da cuando no te importa lo que pueda costarte, le ha faltado para decir “no soy independentista”. Creo (desgraciadamente solo se puede teorizar) que no lo es. Me apoyo en su frase de este miércoles: “No es mi caso, pero un independentista podría jugar en la Selección”. Y en ver a su hijo vestido con los colores de España en la pasada Eurocopa, a él vistiendo La Roja desde los 15 años y al respeto que le tienen sus compañeros. Creo también que si lo hubiera dicho al mismo tiempo que defendía el derecho a votar, o incluso un mayor autogobierno para Cataluña, no estaría alejándose de manera definitiva de las dos partes tan radicalizadas en estos días de furia. Pero prefirió ponerse de perfil y eso le conducirá a la pitada en Alicante y a un clima casi irrespirable.
Así somos. Este país, que no quiere que Cataluña se vaya, lleva pitando a un señor que no ha ofendido a España nunca ni se ha posicionado jamás de forma clara del lado independentista desde hace años. Y lo seguirá haciendo. Seamos serios. Eso no pasa por una suerte de sentimiento patrio, sino porque el señor Piqué es del Barcelona y osó cruzar la barrera entre la broma y el escarnio en un momento de fracaso del Real Madrid. Los aficionados blancos más radicales, y algunos menos radicales empujados por el nuevo periodismo de tertulia y camiseta, hicieron el resto.
Hablar claro, como decía al principio, es siempre la mejor opción. Hasta las consecuencias negativas se afrontan con mejor cara. Y la conciencia tranquila, insisto. Eso sí, incluyo un último apunte: ¿Son libres de expresarse en contra del independentismo los deportistas catalanes? Pues creo que no lo sienten así. Que es más cómodo ser ambiguos. Incluso, como hizo Xavi Hernández (¡Vaya decepción!), defender un referéndum ilegal en un Estado democrático (España) mientras a él le paga otro (Qatar) en el que no se respetan precisamente los derechos humanos. ¡Mana collons!