Por @beatrizpalmero
“Hay que ser ambiciosos”, afirmó Álvaro Cervera tras haber demostrado su alivio porque la situación del equipo había cambiado. Y entonces tomos nos quedamos expectantes. Sabíamos que estaba a punto de dar una batería de buenos titulares, de esos de entre los que luego nos cuesta elegir. Y lo hizo: “Llevamos quince partidos y pienso que tenemos que serlo. Antes no sabía cómo iba a responder el grupo, cómo íbamos a estar, pero ahora sí. Y visto lo visto, tenemos equipo, gente y grupo para estar ahí”.
De repente, un nudo en la garganta. “Ay madre”- pensé -. “No puede estar diciendo lo que yo creo que está diciendo”. Pero sí. Lo estaba diciendo. Si no hubiera estado trabajando, me habría llevado las manos a la cabeza. “A ver, con lo sensato que es este hombre, no puede estar diciendo esto en voz alta, aunque, claro, con su franqueza, difícilmente se va a callar lo que piensa”.
Y entonces, para mi tranquilidad, y para la de muchos que estaban escuchándole, Cervera matizó: “Con los pies en el suelo” – añadió. “Me refiero a que tenemos de dejar de mirar atrás, de pensar en ver si nos cogen o no, y mirar arriba, pensar que si seguimos así podemos alcanzar al que tenemos encima”.
“Eso está mejor”, pensé. La rueda de prensa había terminado. El técnico se levantó y se retiró. En las radios y, sí, en la tele también, se recogió el hilo hablando precisamente de lo ambicioso que debería ser este equipo. Sus palabras no habían dejado de causar cierta sorpresa. “Y, en el fondo, ¿sorprenderán de veras a alguien?”, me pregunté.
Terminado el trabajo buceo por internet. Miro la clasificación. Los rivales a los que nos hemos enfrentado, su puesto en la tabla. Y, una vez más, tengo que darle la razón a Cervera. Su planteamiento es impecable. Recuerdo una de sus frases repetidas el año pasado: “Cuanto más tiempo llevas sin perder, más cerca estás de la derrota”. Él tiene los pies en el suelo. El entorno no, es mucho más volátil. Y nadie duda de que lo sabe. ¿Podemos atribuir simplemente sus palabras en la rueda de prensa a su franqueza? Supongo que en gran parte sí. Pero después de que haya costado tanto concienciar al entorno sobre las dificultades que se iban a sufrir durante el año, y lo igualada que iba a estar la categoría, sobre lo difícil que iba a ser mantener la categoría, me cuesta entender que quiera lanzar las campanas al vuelo así, en un instante. Por mucho que matice.
Al llegar a casa ceno y me relajo. Empieza a amainar el tornado. Cuántas tonterías pensamos. “La ilusión no cuesta dinero, ¿no? No hace ni una semana que hablé sobre ello. ¿Por qué iba Cervera a cortar una planta que empieza a crecer? Si él mismo es el jardinero. Menuda insensatez sería”, concluyo. Es evidente que, a veces, tenemos que dejar de buscarle tres pies al gato (¿o serían cinco? Da igual). Cervera es el que ha sembrado, supongo que sabe mejor que nadie cuál va a ser la cosecha. Por supuesto, que una tormenta a destiempo puede echar por tierra todo el trabajo. Pero , ¿saben?, hace tiempo que aprendí a confiar en él. Por mucho que, en ocasiones, nos tenga hablando solos. Como ahora.