Por @rondoscutillas
El CD Tenerife afronta la recta final del campeonato con pocas opciones de luchar por algo importante. La calculadora es la única que concede aún opciones a los blanquiazules, pero la lógica aplasta a las matemáticas cuando se trata de remontar cinco puntos y solo restan nueve por disputarse. Si se tiene en cuenta que son seis en algunos casos particulares, contra rivales con los que está perdido el average, pues estamos ante casi un milagro o una auténtica utopía.
En cualquier caso, estos tres partidos que restan deben tomarse con la misma perspectiva que se afrontó el del sábado contra el Valladolid (3-1). Dominar al rival con fútbol y ocasiones y terminar de rendirlo con goles y siendo más intenso que él en todos los balones divididos.
Esa fórmula se extrañó en Mallorca, un borrón en el momento más inoportuno porque la imagen del grupo de Martí en Palma no fue la de un equipo convencido de luchar por la meta de los play off. Allí el Tenerife mostró su cara más conformista y, aunque no le servía de casi nada, incluso dejó la sensación de que le valía el empate. Luego, cómo no, vino la derrota. Lo que suele pasar cuando se afronta un examen con el objetivo de sacar un cinco raspado.
Olvidemos lo negativo, al menos por esta columna, y centrémonos en el futuro más inmediato. El Tenerife está obligado a terminar lo más arriba posible. No cobra lo mismo del reparto televisivo el décimo que el duodécimo, así que cada peldaño que se escale en la clasificación tendrá premio y servirá para poder armar un equipo aún más competitivo para la próxima temporada.
También las victorias, como la del Valladolid, servirán para desterrar viejos fantasmas como los que aparecieron al final de la temporada del retorno a Segunda con Álvaro Cervera. Triunfos como el conseguido ante los blanquivioletas ahuyentan cualquier atisbo de ensuciar una temporada correcta. Impiden que los jugadores se vayan de vacaciones con dudas o resquemores. Y hasta pacifican al entorno durante el verano, dotándolo de la estabilidad necesaria para que la pretemporada no sea tensa ni tampoco propicie un inicio de curso crispado.
El Tenerife tiene actualmente un buen bloque y cuenta con uno de los mejores delanteros de la categoría, Nano, cuyo margen de mejora lo convierten en un jugador del que aún se desconoce su techo. Sus dos goles del sábado quitan la razón a los que dicen que solo marca porque el Choco Lozano trabaja ahora para él. Su calidad es innegable y su repertorio finalizador también. Dos derechazos suyos, uno cruzado y otro a la escuadra, sirvieron para abrir la lata y para desarmar a un rival que es un ejemplo de lo que le sucede a todos aquellos históricos con pasado reciente en Primera que piensan que en Segunda cuenta más el nombre que el esfuerzo.
Ahora solo falta que esta temporada se acabe con buen sabor de boca y sin sobresaltos, que se construya una plantilla aún mejor de la que ya hay y, sobre todo, que se envuelva al próximo proyecto con la bandera de la ambición.