Por @rondoscutillas
El debate de esta semana ha girado en torno a que el CD Tenerife no convenció ante el Bilbao Athletic. Ese ha sido el argumento más utilizado por la cofradía de la santa y perenne queja blanquiazul para argumentar que el equipo gana, pero no enamora. Al menos ahora vuelve a ganar y eso, tras lo ocurrido ante Valladolid y Alcorcón, es un buen síntoma.
Al Atlético de Madrid lo tiene líder en Primera un fútbol aburrido basado en no encajar y a ninguno de sus seguidores parece importarle un pimiento que sus partidos se resuelvan con más músculo que talento. Aquí no. Aquí es distinto. Siempre. Somos un equipo medio de Segunda, pero no vale nada. Y siempre hay un pero para casi todo. Vaya por delante que me encantaría que el Tenerife juegue mejor de lo que lo hace. Pero, sinceramente, creo que nadie puede exigir que el octavo equipo de la categoría al que la LFP le ha dejado invertir menos en su plantilla juegue como el Barça y le gane al colista por 3-0 al descanso.
Está claro que las cosas han cambiado y el nivel de exigencia más aún. Hace 25 años, cuando Guina sacaba una falta para que Rommel Fernández la cabecease a la red se ponderaba la precisión de uno y la potencia del otro. Hoy en día, cuando Aitor Sanz la pone y el Choco Lozano salta más que los centrales y anota de cabeza es porque el rival estaba ‘empanado’. La comparativa va, más que por los protagonistas de la misma, por cómo se veía, se disfrutaba y se sufría con el Tenerife antes y cómo se hace ahora. Y en mi condición actual de seguidor desde la grada sí que, por desgracia, percibo que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Soy de los que prefiero un triunfo sin brillo, como el último, a tener la sensación de que mi equipo actúa como un tonto feliz. Sí, ese que juega como nunca y pierde como siempre. El Tenerife del sábado pasado supo minimizar errores y, sobre todo, no cometió los pecados que lo derrotaron frente al Alcorcón. Y eso hay que interpretarlo como una evolución positiva. Vale que el Athletic B no es del mismo potencial que los madrileños, pero el hecho de que Dani Hernández apostase por no iniciar todas las jugadas saliendo con el balón desde la defensa me pareció una medida inteligente y hasta una manera práctica de ahorrarse disgustos.
También he pensado que el Tenerife quizá juega de la manera que lo hace porque no tiene demasiadas opciones para proponer algo distinto. Esta semana contemplé con asombro cómo Juan Carlos Real se enrolaba en el Cluj rumano y recordé lo bien que nos vino su concurso en la segunda vuelta del pasado año. Juntaba a la medular, mejoraba cada balón que pasaba por sus botas y fabricaba ese último pase tan cotizado últimamente en el Heliodoro. Estaba sin equipo y nadie de la entidad blanquiazul pareció acordarse de él. Una lástima.
Aún queda una semana para que cierre el mercado de invierno y, por tanto, para agotar la última oportunidad de mejorar lo que hay para el resto del curso. Viendo los beneficios de la llegada de Saúl García al lateral izquierdo, me pregunto, dejando la identidad de esos hipotéticos refuerzos a un lado, qué sería de este equipo si jugase con un zurdo como extremo izquierdo y no con un diestro. O también si llegase un centrocampista de corte ofensivo que ayude a desatascar aquellos partidos en los que el rival le ‘regale’ el balón al Tenerife consciente de que Alberto, Vitolo y Aitor Sanz no son la mejor solución para ese escenario. Espero y deseo que haya movimientos porque Martí se ha ganado en estos meses, y de largo, la opción de que el club le obsequie con algún refuerzo más envuelto en papel de alternativa.