Por @beatrizpalmero
Me ha costado más de lo habitual iniciar estas líneas. Supongo que hay semanas en las que ningún asunto te mueve lo suficiente como para escribir un artículo, o mueve tanto que ya está todo dicho. Así que he estado merodeando por aquí y por allá a ver si encuentro algo que me inspire porque, todo sea dicho, no me gusta escribir cualquier cosa sobre cualquier tema, prefiero compartir siempre alguna reflexión que llevo tiempo rumiando.
Pero hay semanas que se tuercen tanto y hay tanto ajetreo que ni tiempo para pensar más allá de los clásicos qué como mañana, qué me pongo, qué tengo que comprar en el súper, cuándo entreno, cuándo cuadro este asunto y cuándo el otro entre cotidianidades banales varias. Y así me planto ante este folio en blanco sin nada que compartir, más que esta angustia que nos deja el día a día de no poder disfrutar de los pequeños placeres. Parece que a medida que cumples años, es más común multiplicar las obligaciones y menguar el tiempo para dedicar a uno mismo y sus pequeños vicios y disfrutes.
Aunque tengo que reconocer que el trabajo, en mi caso, me sigue dando pequeños placeres, aunque a veces se tornen en fuente de estrés, enfado o frustración. Y en medio de toda esa lista de cosas por hacer al menos me tropiezo con algo que me provoca admiración, como el espectacular salto de Simón Sivero durante uno de sus entrenamientos; me saca una sonrisa, como las niñas del Club Adoney de Granadilla, flamantes campeonas alevines de España de gimnasia rítmica; me hace sentir útil, como ayudar a un amigo de toda la vida a dar visibilidad a un cierre que podría dejar sin ayuda a cientos de niños canarios con necesidades especiales; me genera esperanza, como la presentación de la Asociación por el Deporte Femenino en Canarias; o, incluso, me pone nerviosa después de tantos años de profesión, como entrevistar de forma personalizada a un entrenador del Tenerife casi dos años después.
Así que cierro el día con una sonrisa. A veces los quehaceres cotidianos nos roban tiempo pero, como me decía José Luis Martí, con alegría es todo más fácil. Y, bueno, no podemos negar que ha sabido transmitir esa forma de ver la vida a los jugadores y los jugadores a nosotros. Porque con una sonrisa veré ese partido entre Tenerife – Mallorca mientras trabajo. Y, pase lo que pase, no podremos negar que, en medio de nuestro estresante ritmo de vida, este Tenerife esta temporada nos ha regalado alegrías e ilusión. Y que pase lo que tenga que pasar, que esas pequeñas alegrías ya no nos las quita nadie.