Por @rondoscutillas
El Tenerife acabó, por fin, con una de las mayores maldiciones que lo perseguían. Y eso que la pesadilla se inició cuando erró una opción clara para adelantarse, un ex canterano le marcó en la primera aproximación del rival y se lesionó Omar. Parecía que los habituales ingredientes de fatalidad que acompañan a los blanquiazules en los compases iniciales de la temporada y en la primera eliminatoria de Copa habían vuelto a coincidir para hacer otra vez de las suyas.
Pero esta vez el desenlace no fue el de siempre. El grupo de Martí supo encontrar la manera de parar la caída descrita con la inercia negativa de las tres primeras jornadas ligueras. Y se dio un buen trago de autoestima. Venció por vez primera fuera de casa en Copa desde 1995 e invitó a su afición a otra ronda que no le pagaba desde 2008, cuando inició su particular colección de derrotas coperas ante Celta, Elche, Cerceda, Alcoyano, Éibar, Girona y Leganés.
El Lugo asistió a la remontada del Tenerife que, al igual que en los otros tres compromisos oficiales de este curso (Córdoba, Sevilla B y Elche), no fue inferior a su adversario. Esta vez, simplemente, el equipo creyó en sí mismo y peleó para no resignarse a un destino que se empeñaba en escribir con renglones torcidos desde hace demasiado tiempo.
La victoria sirve para pacificar un ambiente enturbiado por la trayectoria liguera. Los que aprovechan para asomar la cabeza cada vez que las cosas van mal, los que ejercen de francotiradores desde su atalaya de rencor por lo que quisieron ser en la entidad y no fueron, tendrán que seguir en su escondite hasta el sábado. Porque el Tenerife compró una dosis de tranquilidad en el Anxo Carro pero todos, desgraciadamente, sabemos lo que ocurrirá si no logran derrotar ahora al Valladolid en el Heliodoro.
Hace unas semanas escribí que, particularmente, me conformaba con llegar a la jornada 10 a una distancia razonablemente cercana al sexto puesto y, pase lo que pase ante los pucelanos, aún sigue habiendo margen. Especialmente si vuelve a aparecer el Tenerife lleno de confianza que vimos ante el Lugo y se logran minimizar errores como los que han propiciado la mayor parte de los tantos encajados en lo que va de temporada. El obtenido por los gallegos fue otro ejemplo de los peligros que tienen los blanquiazules cuando un central trata de salir con el balón jugado. Ante el Sevilla B fue Jorge Sáenz, en Lugo fue Germán y Carlos Ruiz también ha tenido sus fallos que, afortunadamente, no acabaron luego en el fondo de su portería.
Una vez más, prefiero quedarme con lo positivo. Con la seguridad exhibida en el juego aéreo por Falcón. Con el gol de Germán para resarcirse de su fallo previo justo en el primer partido en el que entra en el equipo. Con el trabajo incansable de Vitolo y Aitor Sanz. Con lo valioso que resulta el trabajo de presión que realiza la parte más avanzada del equipo. Con la actitud y las llegadas de Cristo González, que por fin vio puerta. Y, sobre todo, con el descomunal talento de Amath N’Diaye, un Bolt de menos de 1,75 metros capaz de sobrepasar a cualquier defensa de Segunda por aceleración y verticalidad.
Para concluir compartiré que, puestos a pedir, espero que la Copa le devuelva al Tenerife parte de lo que aún le debe y lo deje exento de la siguiente ronda (aún contra equipos de Segunda) por haberle hecho jugar siete eliminatorias consecutivas lejos del Heliodoro. Luego, si llega un Primera, quiero al que tenemos más cerca geográficamente. Básicamente para poder llevarme otra alegría.