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Agotador

Por @rondoscutillas

Resulta imposible concentrarse en el presente sin que lo que has hecho en el pasado lo condicione. El Tenerife, año tras año, es el mejor ejemplo. Un mal arranque de la competición lastra el proyecto de tal manera que luego resulta una labor casi titánica llegar al tramo decisivo de la Liga con aspiraciones superiores a la permanencia. Ese ha sido el pan nuestro de cada día blanquiazul en los últimos años.

Porque para ganar un simple partido tienen que darse tantas circunstancias que es casi como realizar la cuadratura del círculo. Para los que lo vemos desde fuera y sufrimos tras el televisor impotentes y supongo que, por desgracia para ellos, también para los que lo viven en primera persona sobre el césped.

He intentado imaginarme qué pasará por el cerebro de los futbolistas cuando te lo dejas todo, como en Butarque, y te vuelves de vacío. ¿Será algo parecido a cuando le echas más horas de las que debes en tu trabajo y no obtienes ningún reconocimiento?

No lo sé a ciencia cierta. Pero imagino que será igual de frustrante. En lo futbolístico esa impotencia ha sido el denominador común de esta campaña en la que tienes que hacer muchas cosas bien para ganar. Quizá demasiadas. Y en la que, por el contrario, pierdes con tan poco. Porque medio error, el del despeje pifiado de Javi Alonso, genera un córner. Y porque un accidente, como el resbalón de Shaq Moore en la marca de ese saque de esquina, cuesta un gol que equivale a perder el partido.

Lo peor no es cometer errores porque, lo normal, es que haya un mínimo de media docena en cada partido. Lo peor es, sin duda, saber que si encajas primero ya hay poco que rascar. Frustra pensar que para que este Tenerife gane un partido debe hacerlo todo perfecto. O casi. Porque la lista de condiciones a cumplir en cada cita es interminable. Y si te saltas solo un paso, por muy insignificante que parezca, ya sabemos lo que ocurre.

Empecemos por la prioridad de ganar todos los duelos individuales para evitar que el contrario genere algo potable. Minimizar al rival hasta dejarlo en casi nada ha sido el primer punto de los mandamientos de Ramis. Funciona. Pero también conlleva un esfuerzo colectivo y de concentración máximo. Y todos sabemos que, durante 90 minutos, es casi una utopía que 11 personas estén al ciento por ciento.

La segunda es mantener tu portería a cero. La estadística demuestra que el Tenerife es incapaz de ganar un partido en el que encaje algún gol. Y, claro, para evitar que eso suceda hay que gastar mucha energía y ser solidarios. Sin excepciones. Todo debe funcionar bajo un patrón determinado y sin fisuras, en el que cada cual sepa ejecutar su rol de manera óptima. Como un ejército de hormigas.

La última consiste en generar cosas en el área adversaria. Donde, como es lógico, no es sencillo tener la frescura necesaria después de haber tenido que cumplir con todo ese rosario de tareas anteriores.

Quizá por todo eso sentarse a ver un partido del Tenerife resulta casi tan complicado como encontrar contenidos con los que sorprender al lector cada día. De fútbol cada vez entiendo menos. Y, no se crean, de mi profesión también. Porque controlar las variantes que hacen que usted se siente a leer estas líneas resulta cada vez más complejo. Es casi como intentar ilusionarse con el Tenerife. Y, en ambos casos, resulta absolutamente agotador.