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Agarrarnos

Por @rondoscutillas

El CD Tenerife volvió a ganar un partido fuera de casa. El triunfo lejos de la isla ante el Nástic (1-2) lleva al grupo que dirige Joseba Etxeberria a lomos de una ola desde la que ha engullido el notable saldo de 10 puntos sobre los últimos 12 posibles. La estadística dice que si la Liga hubiese comenzado cuando arribó el técnico vasco, los blanquiazules estarían en puestos de ascenso y solo los superaría el Zaragoza, que ha hecho pleno en las últimas cuatro jornadas.

Pero, desgraciadamente, el campeonato empezó en agosto y, tras un prometedor inicio, fueron germinando las dudas en torno al proyecto. Los siguientes meses dejaron huella para mal y arruinaron casi por completo cualquier posibilidad de hacer algo importante este curso. El cortocircuito se mantuvo durante demasiado tiempo y, ahora que la bombilla vuelve a brillar con fuerza, todos maldecimos que la avería se prolongase durante tantas jornadas.

El pasado no vuelve, así que lamentarse solo sirve para gastar energías y mortificarse sin necesidad. Estaría bien aprender de los errores cometidos para que no se repitan y, de paso, anular las posibles amenazas que puedan ir saliendo en el camino de esta remontada que el Tenerife comenzó a dibujar hace apenas un mes.

El desafío más inmediato, y por tanto el único que debe preocuparnos ahora mismo, se llama Real Oviedo. Sobre todo porque, si no se supera, habrá servido de poco el esfuerzo invertido en las últimas jornadas y los buenos resultados que, por fin, comienzan a aparecer con la frecuencia deseada. Por eso, en casa ya solo sirve sumar de tres en tres. Sin margen de error y menos ante un adversario directo, como los asturianos, contra el que se multiplicaría aún más el efecto de un triunfo. Especialmente en una temporada, la actual, en la que la progresión que describe la trayectoria del sexto clasificado sitúa el umbral de entrar en el playoff en nada menos que 66,6 puntos, la cifra más alta en la historia de Segunda con el actual formato desde el ejercicio 2011/12.

Al triunfo en Tarragona, importante por el momento en el que se consigue y porque supuso terminar con una sequía de dos meses sin victorias a domicilio, hay que sumar también el estado de gracia en el que se encuentran algunos futbolistas, como Milla, Alberto, Acosta, Mula o Longo, que han crecido muchísimo desde el cambio de inquilino en el banquillo.

Sin embargo, el Tenerife perdió allí a su líder y, ahora, la incógnita será calibrar cómo afecta a los blanquiazules la sexta lesión muscular de Juan Villar desde que arrancó la Liga. El onubense no solo aporta goles y pegada en ataque, sino que Etxeberria se queda sin el concurso de un agitador eléctrico y vertiginoso que se encontraba en plena forma. Y al que, con suerte y si se cumplen los plazos de recuperación, podremos volver a ver en cuatro o cinco semanas.

Cada vez queda menos para el viernes y, mientras el grupo le da vueltas a la mejor manera para desarmar al Oviedo, la afición también está obligada a hacer su trabajo. El Heliodoro debe ser el de las grandes ocasiones. Este partido sí es una final que dictaminará si sigue habiendo esperanza o se naufraga a la primera oportunidad para regresar a la pelea real por la zona noble. El objetivo es vencer porque, si ganan, los blanquiazules se quedarán a solo tres puntos de los azulones. Y este dato supone, por primera vez en muchos meses, que tenemos por fin una esperanza tangible a la que agarrarnos.