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ADN Garai

Redacción Deporpress | El Tenerife sigue creciendo. Extrae conclusiones positivas de su breve ‘excursión’ por la península. Pasos adelante fiel a un estilo definido. El equipo va interiorizando cada vez mejor el ADN Garai. Sensaciones agradables que se traducen en puntos: 4 de 6. Aleja así de paso los fantasmas lejos del Heliodoro, en ese talón de Aquiles que ha perseguido históricamente a los insulares fuera de casa. Rompe de esta manera con tópicos de que el fútbol vistoso no puede dar sus frutos. Posesión irrenunciable, presión alta y una línea gallarda en el planteamiento de los 90 minutos de cada encuentro.

Pero no fue fácil. Los insulares vivieron una montaña rusa en el Martínez Valero. No le hizo falta al cuadro de Pacheta mucho balón para asestar el primer golpe: certero a la yugular, donde más duele. Un rival que enlaza menos, más directo, pero que tiene a un asesino de áreas como Yacine Qasmi.

No entró en barrena el Tenerife. Mantuvo la calma, siguió siendo fiel a su estilo. Pero faltaba más picante. Quizás por los fantasmas de Ponferrada, se vio a un equipo temeroso a la hora de tomar excesivos riesgos. Y en parte con razón, pues quedaba mucho tiempo por delante. Pero los de Garai caían en la repetición de lo previsible. Faltaba una marcha más en zona de dominio ilicitana. Solo se merodeó el área de Edgar Badía con cierto peligro a balón parado, en un remate certero de Álex Muñoz que escupía el palo. Sin brillantez, y con cierto sabor de injusticia, los locales marchaban con mínima ventaja.

La vuelta de vestuarios fue un chute de energía. Los tinerfeños merecían más por merecimientos. Un chispazo lo había puesto por detrás, pero sacó la personalidad para declinar la balanza a su favor en los segundos 45 minutos. Como un martillo, fue picando el Tenerife sobre la meta de Edgar Badía. En ese cambio, también fue clave la entrada de un Dani Gómez, cuyas características eran más idóneas que las de Miérez. Y encontró premio. Milla se disfrazó de asistente en un córner para que Lasso calcara el gol firmado de cabeza hace unas semanas en el Heliodoro contra el Numancia. La pizarra de López Garai sigue dando un buen sabor de boca.

Ahí el Tenerife se vino definitivamente arriba. Creció con la pelota. Y en área contraria. Sufría un Elche que no encontraba la receta que paliara su sufrimiento. Achicaba agua mientras los Dani Gómez, Lasso, Malbasic y un excelso Bermejo hurgaban en la herida ilicitana. Estaban tocados, y pudieron quedar hundidos si el palo no hubiese hecho nuevo acto de presencia.

Pero volvió la montaña rusa. Y tocó tiempo de bajada. Trabajar en equipo, correr mucho y amarrar el puntito. Los de Pacheta plantearon otro cambio de guion que maniató a un Tenerife que defendió con uñas y dientes. Porque los alicantinos también están muy bien trabajados en esta categoría. Una división donde cada unidad vale sangre, sudor y lágrimas.

Firmaba así el Tenerife un buen partido en el Martínez Valero. Creciendo como colectivo y con buenas vibraciones. Cuatro de seis para encarar con otra perspectiva, sin complejos ni miedos, las próximas visitas fuera de la Isla. Destellos positivos que crean el primer caldo de cultivo para luchar por un año más ilusionante que decepcionante. La siguiente piedra en el camino: el Fuenlabrada.