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Adiós al sueño de la Supercopa

Redacción Deporpress | El Iberostar Tenerife no pudo aprobar el primer examen en la vuelta al cole, donde le tocó como anfitrión uno de los test más difíciles: el Real Madrid Baloncesto (79-92). Los tinerfeños aguantaron el alto nivel de uno de los mejores equipos de Europa y defensor del título , pero la variedad de recursos de los hombres dirigidos por Pablo Laso fueron decisivos en la segunda parte, con un Tavares y Rudy Fernández superlativos, bien secundados por Deck y Abalde. Un encuentro donde el altísimo nivel de los dos bases aurinegros no se vio recompensado en el resto de aspirantes a engordar el caudal de puntos en clave aurinegra.

Una salida timorata. El CB Canarias concedió excesivos lujos a un Real Madrid Baloncesto que aprovechó los robos tras pérdida para cobrar las primeras rentas. En rápidas transiciones, los merengues castigaban en cada ataque a favor a un descoordinado cuadro insular, bajo los créditos de Deck y Abalde (4-10).

No cayó en la intimidación Iberostar, que se sostuvo principalmente a través del punto de sus bases. Fitipaldo ofreció una gran carta de presentación, dando puntos de enorme mérito. Un duelo donde los tiros libres fueron una tónica habitual, aunque la ventaja de doble crédito para los vigentes campeones llegaba con los triples de Campazzo y Aruba, mitigados por la inspiración de Huertas. La entrada del brasileño supuso un enorme salto, dando números en el apartado ofensivo tanto en forma de asistencias como de puntos personales. Rudy limpiaba el aro de tres, pero Díez daba réplica para mantenerse vivos en los primeros diez minutos (18-23), con plenos de aciertos desde el lanzamiento de libres para ambas escuadras.

Los de Pablo Laso llevaban siempre la delantera, pero el Iberostar resistía arañando puntos para mantenerse en la lucha. Vidorreta sucumbía a la frustración, viendo que la manija de los puntos recaían en sus dos directores de juego: Fitipaldo (12) y Huertas (9), quienes lideraron al descanso.

Durante el transcurso antes del paso a vestuarios, Marcelinho volvía a escena para ponerlo a tres (22-25). Buenos minutos aportó también Fran Guerra, con mate incluido y buen juego en la pintura, aunque luego acabaría en la caseta antes de tiempo. Desenchufados andaban en cambio Shermadini, Doornekamp y Cavanaugh, que no terminaban de encontrar su cacho del pastel sobre el tapete. Así, el Real Madrid acarició nuevamente el doble dígito de ventaja, pero un triple de Fitipaldo y un tiro libre de Cavanaugh daba un parcial de 7-0 que era un verdadero respiro (33-37).

Las faltas y el acceso a bonus se convertían en un recurso habitual. El conjunto de la capital percutió en la defensa aurinegra con los enormes recursos de su roster, a través de Randolph y Deck. Pero antes del asueto, la entrada de Sulejmanovic y un triple de Doornekamp lo dejaba salvable (42-48).

La entrada en el segundo acto significó el harakiri. Tavares se disfrazó de héroe blanco para echarse al equipo a la espalda con sus créditos, aumentando el nivel de frustración entre sus rivales. Hasta ocho puntos firmó el de Cabo Verde, en un arranque de cuarto donde Abalde abrió el camino con una destreza de movimientos y aciertos de cara al aro. Ahí, Iberostar Tenerife se despedía de sus opciones, con unas diferencias de doble dígito que fueron definitivas de ahí al final. Huertas, de nuevo, y Guerra se resistían a dar el brazo por vencido, mientras que Sulejmanovic despedía el tercer cuarto para firmar un parcial de 8-1 que reducía el marcador del 51-69 al 59-70, pero la losa era insalvable.

Los últimos diez minutos fueron mérito trámite. Sin opciones, el Real Madrid Baloncesto se gustó para jugar con un marcador a favor, donde Rudy Fernández seguía mostrando un nivel imperial. Álex López sacaba el orgullo, pero el paso adelante de los madridistas, sin apenas concesión de falta en los 20 minutos y con mucha dinamita en ataque, significó el cumplimiento del guion previsto y la ausencia de sorpresas. Porque habrá clásico este domingo en el Santiago Martín, pero el Iberostar se despide con el orgullo de volver a competir entre los grandes.

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