Por @juanjo_ramos
La entrada de Carlos Pomares, aun con la sana intención de disputar el balón, era arriesgada. Debió ser sancionada con falta por juego peligroso y, como mucho, con tarjeta amarilla.
Puro sentido común si se tiene en cuenta que llegó antes al balón, que no tiene intención de golpear y que es la tardía llegada de Juanjo Nieto la que propicia el encontronazo.
Pero Pomares dio a Ais Reig la ocasión propicia para equivocarse. Y con este error, el colegiado comprometió seriamente las opciones del Tenerife en el partido.
Luego, los jugadores de Ramis se repusieron del shock inicial que propició el 2-0 y llegaron a empatar. Lo hicieron a base de un notable esfuerzo físico, un buen sentido táctico y un derroche de carácter competitivo como pocas veces se les había observado en la presente temporada. Pero no les dio para evitar la derrota.
El castigo era suficiente para el Tenerife, que nadó contracorriente jugando 94 minutos con uno menos y acabó perdiendo ante el que, hasta ayer, se podía considerar un rival directo. El Oviedo, un equipo limitadito, se llevó el premio de los tres puntos.
Pero a Juanjo Nieto le pareció poco y quiso imponer un castigo mayor. Por eso enseñó su herida de guerra, la que sufrió en el encontronazo con Pomares: un arañazo provocado por los tacos de la bota en su caída, cuando el lateral del Tenerife intentaba retirar el pie para no hacer daño a su compañero de profesión. Sí, compañero de profesión. Una consideración que no le tuvo Nieto, que prefirió señalar actuando como lo hace un acusica.
Ya había ganado el partido, pero esa marquita en su cuerpo que tardará unos días en desaparecer, le pareció suficiente para que todo el mundo despejara dudas con la foto.
Nieto volverá a jugar en una semana. Pomares se perderá la visita del Girona, dejó a su equipo (sin querer) con diez y se sentirá culpable por la derrota. El castigo es lo suficientemente desproporcionado para que su rival, pero compañero de profesión insisto, evite actuar como un chivato.
Lo que pasa en el campo se debe quedar en el campo. Sobre todo cuando has salido victorioso. Buscar el oprobio del otro, cuando ya ha sido castigado duramente, solo es propio de alguien con cero empatía. Juanjo Nieto, un correcto lateral de Segunda, se descubrió ayer como un pésimo compañero.
Como futbolista podemos quererle o no en nuestro equipo. Como acompañante en un vestuario queda descartado. No merece la pena. Solo espero que, dentro de los cauces lógicos que él no respetó este viernes, tenga en el Heliodoro la mejor respuesta a su provocación.