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Acto de fe (11-5-15)

Por @RondosCutillas

Nietzche dijo que tener fe significa no querer saber la verdad. Así que admito que, tras ver el partido que hizo ayer el Tenerife en El Sardinero, ya solo me queda la fe. La derrota ante el Racing es demoledora. Primero porque confirma que este equipo tiene números de descenso pero, sobre todo, porque su entrenador traicionó la ideología que desplegó en sus primeros partidos y borró cualquier atisbo de querer intentar jugar al fútbol.

Nadie estuvo a la altura de lo que merecía una final como la de Santander. Ni Agné, que tardó 53 minutos en arreglar el desaguisado que supuso la alineación con la que compareció de inicio. Ni los jugadores, incapaces de mostrar que merecen llamarse futbolistas profesionales, salvo honrosas excepciones como Dani Hernández (cuya antológica parada evitando el 2-0 salvó el average particular).

Podría seguir así hasta el final de este artículo. Dando datos negativos y agregando más y más cicuta. Cuestionándome por qué debuta Omar Perdomo cuando el marcador y la pobreza de recursos técnicos mostrada ayer por el equipo pedían a gritos la presencia de Aridane para aprovechar un poco más el fútbol directo. O por qué jugadores del talento y la visión de Ricardo, Cristo Martín o Juan Carlos Real estaban en el banquillo cuando jugabas ante el peor local de la categoría.

Incluso ruego desde aquí, a quien corresponda, que prospere la huelga y no se juegue ninguna jornada más de las que restan. Vista la pésima racha actual y las sensaciones que desprende este equipo, creo que sería la solución más fiable para que este Tenerife sea capaz de quedarse en Segunda.

Sin embargo, hacernos más sangre a estas alturas sirve ya de bien poco. Así que voy a encadenarme a la fe. Voy a pensar que Agné no puede ser tan conformista con el vestuario como lo fue en la sala de prensa de El Sardinero. Que estos jugadores son capaces de jugar al fútbol. Que saben cómo salir de esta. Que no recurrirán al ‘patadón y tentetieso’ con el que nos obsequiaron ayer. Que a alguien se le ocurrirá desbordar a un contrario ante el Alcorcón. Que tirarán a puerta más de dos veces en 90 minutos. Que volverán a marcar un gol sin ser de penalti. Que siete partidos, y casi dos meses después, este Tenerife volverá otra vez a ganar.

La afición del Racing es un espejo en la que mirarse. Más de 12.000 personas que interpretaron a la perfección lo que era una final. Animaron y estuvieron al lado de su equipo haciéndoles ver la importancia de no regresar a ese abismo deportivo y económico que es la Segunda B de la que, por cierto, acaban de salir. No hace tanto el Tenerife penó por esa categoría. Costó sangre, sudor y lágrimas abandonarla como para olvidarlo tan rápido o resignarnos ante la inercia de resultados negativos que nos empuja otra vez hacia ella.

Por eso sé que la afición blanquiazul va a dar la talla y no abandonará a los suyos cuando más la necesitan. Confío en que el Heliodoro registrará una gran entrada ante el Alcorcón, en la fecha y hora a la que los indocumentados que rigen nuestro fútbol quieran poner. Y, sobre todo, quiero ver que mi equipo juega, como dice el himno, sin temor. Intentándolo todo. Una y otra vez. Dando lo mejor de lo que cada uno de ellos lleve dentro. Sin rendirse. Quiero hechos y no palabras. Quiero creer que creo en lo que creo. Quiero que esto no sea solo un acto de fe.