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Abusos sexuales a deportistas menores, por @ivanvillanua

Esta semana, el periodista Tinerfe Fumero (Diario de Avisos), adelantó la detención y posterior puesta en libertad con cargos del entrenador nacional de atletismo Miguel Ángel Millán por abusar de varios de sus pupilos durante gran parte de su carrera deportiva. Millán, que no se ha declarado culpable en ningún momento, presencia estos días como diferentes atletas (de momento van siete), han salido a la luz para afirmar que los abusos se producían de manera continuada. El exdecatleta Antonio Peñalver, uno de sus grandes éxitos, se suma a la lista de quiénes por temor, vergüenza o crisis psicológica no se habían atrevido hasta ahora a dar un paso hacia adelante. Para ellos todo mi apoyo.

Millán no es el primero. En Gran Canaria, el famoso Caso Kárate, descubrió al maestro marcial Torres Baena como un auténtico depredador sexual que, junto a alguno de sus familiares más cercanos, organizaba fines de semana crueles donde, bajo la excusa de entrenamientos y convivencia, obligaba a los menores a ser partícipes de orgías sexuales donde se veían obligados a hacer todo tipo de prácticas para no ser castigados o aislados en el propio gimnasio.

Hace unos meses que desde la Dirección General de Deportes del Gobierno de Canarias se articularon diferentes mecanismos para fortalecer un mayor control de los profesionales que trabajan con menores en el ámbito deportivo. Herramientas con las que no solo detectar a posibles pederastas, enfermos sexuales sino también con las que identificar conductas agresivas que para nada casan con los valores que reflejan el deporte en sí.

Muchos padres con niños y niñas que acuden a hacer deporte de manera extraescolar habrán pasado una semana marcada por la duda. ¿Y si en mi club pasa lo mismo, y si el entrenador o entrenadora de mis hijos es así y no lo sabemos…? Partimos de la base de que los profesionales que forman a nuestros hijos, su gran mayoría, son personas cabales y sanas. Existirán casos aislados que, efectivamente, perjudiquen al resto. Pero está en las bases profesionales del propio club (con sus directivos), y en los padres de los menores exigir un férreo control de los que, por unas horas, controlan la vida de nuestros vástagos.

Además, es importante que de una vez por todas exista una base de datos perfectamente identificada de los entrenadores y entrenadoras: qué formación tienen, su trayectoria profesional y si cuentan con ficha penal o no. Siempre apostamos por la confianza, pero abusar de ella en ocasiones no es positivo. El Caso Millán volverá a abrir el debate. ¿Sabe usted si el entrenador de sus hijos está capacitado para ello, si no ha sido detenido? Si es así, ha hecho bien su trabajo como cabeza de familia. Si no, dé el paso. Nunca está de más contar con toda la información posible.