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Aburrimiento infinito

Por @JF_Rojas

Escribo mientras escucho por la radio una entrevista a un jugador del Tenerife. La conversación, protocolaria y propia de estos tiempos en los que apenas hay nada que vender, transcurre por los cauces de la prudencia y la responsabilidad institucional. El entrevistador cumple con la tarea que cree que le corresponde procurando no incomodar al futbolista mientras éste va trufando el discurso con tópicos de equipo pequeño. Ya saben: confiamos en que las cosas salgan bien este año, estamos seguros de que el club confeccionará una buena plantilla, esperamos que la gente no eleve el demasiado el listón de la exigencia… Cada palabra, cada comentario, eleva el termómetro del tedio hasta que, sin darte cuenta, te despiertas con uno de esos anuncios chillones de humor zafio supuestamente canario que se han puesto de moda. La entrevista ha terminado cumpliendo su objetivo, que debe ser, imagino, dormir a todos los oyentes.

Recuerdo cuando la pretemporada del Tenerife era aún una época de promesas. Seguías la actualidad del equipo con interés porque sabías que te podía sorprender. Se manejaban nombres, alternativas, hipótesis de formaciones futuribles y objetivos ilusionantes. En lugar de preocuparse por anestesiar a toda costa las expectativas, en el club se afanaban por todo lo contrario. La consigna principal consistía en motivar a la gente y veías cómo se apelaba a muchos más resortes que el de la simple y pesada obligación sentimental del aficionado con su equipo. El Tenerife ofrecía ilusión y objetivos. Ofrecía sueños y fuegos artificiales. No escuchabas a un futbolista como el de la entrevista manifestando seriamente que el plan de la temporada es conservar la categoría en Segunda División. Y si alguno tenía el atrevimiento de hacerlo te cabreabas y le llamabas cagón y conformista.

Llama la atención la complacencia con la que aceptamos todos este aburrimiento infinito. La política de pragmatismo y perfil bajo que maneja el Tenerife en todos los aspectos se nos ha filtrado también a estos niveles. A las puertas de la pretemporada de Barlovento siguen sin proporcionarnos ni una débil traza de ilusión que nos invite a mirar al futuro con media sonrisa. El club pide paciencia y desde el entorno respondemos ofreciendo más paciencia aún. Y entre tanta paciencia, languidez y apatía yo, abonado desde hace milenios, me pregunto por qué debería renovar mi pase otro año más. Si lo hago no será por entrevistas como la que escuchaba ni por vídeos promocionales que en lugar de enardecer el ánimo sólo te recuerdan la vulgaridad y la nula imaginación del club que lo encarga. Si lo renuevo será, en todo caso, por la fuerza de la costumbre y por la mala conciencia de no acompañar al club en una etapa tan oscura. Ya les digo, el Tenerife como carga sentimental y aburrimiento infinito.