Por @beatrizpalmero
Disfrutar del fútbol en la grada tiene muchas ventajas. Para empezar puedes levantarte y gritar cualquier cosa que te venga a la cabeza sin tener que pensar que tienes un micrófono delante y que representas a una empresa. Y alivia los nervios, ya lo creo. También puedes llevarte un paquete de millos y disfrutarlos lentamente, porque no tienes las manos ocupadas con la libreta y el micro. Puedes reírte con las ocurrencias ingeniosas de los aficionados que, todo sea dicho, es una de las grandes virtudes de este país, el ingenio. Pero la principal ventaja, es palpar de nuevo la verdadera opinión de la gente porque, los periodistas estamos tan inmersos en el día a día del equipo, en nuestro quehacer diario, en lo que se dice en tal o cual tertulia que, a veces, nos olvidamos de que las opiniones vertidas en los medios no siempre reflejan fielmente el sentir de la grada.
Y el pasado fin de semana ante el Elche escuché a muchos abonados molestos. Para empezar, más de uno y de dos, tuvo que levantar a alguno de los que había entrado al Estadio con una invitación de otro abonado antes de que empezara el partido. A nadie se le escapa que las invitaciones suelen ser de las filas más bajas, pero lo correcto, pienso yo, es sentarse en el asiento que les corresponda y una vez que empiece el partido buscar si otros en una mejor ubicación han quedado libres.
Al hilo de todo esto, surgió un espontáneo debate en la grada sobre las desventajas de ser abonados. Y, siendo honesto, a ninguno le hacía gracia el tema de que otros vinieran a pedirles invitaciones cuando ellos han pagado religiosamente a principio de temporada. Y aunque alguno apuntó la crisis y el poder adquisitivo otros apuntaron que quien les pide entradas cuando hay promociones es gente que puede comprarla y que no lo hace porque no quiere. Y alguno apuntilló: “Yo nunca saco mis entradas para nadie, que parezco el tonto del pueblo y el único que paga siempre”.
Y ese descontento es generalizado con cada promoción, mientras en los medios alabamos siempre las iniciativas del club para lograr más afluencia al Estadio. Pero esa afluencia no debe ser a costa del abonado fiel. Todos sabemos que los incondicionales están en torno a siete mil, son los que nunca fallan, en Segunda B, en las eternas temporadas de Segunda en las que nada pasa, en los días de lluvia. Luego hay otros que están cuando pueden, o cuando el viento es favorable, o cuando el cartel de los rivales es mucho mejor. Todos son respetables y cuantos más seamos mejor. Pero el club, en mi opinión, a quien debe mimar es a los que siempre están.
Y enumerando las ventajas de los abonados, podemos apuntar que gozan de descuento permanente en la tienda del club, pero a nadie se le escapa que si acaso comprarán una vez al año, si compran. Recuerdo también el sorteo de tarjetas de combustible gratis, pero, eso alcanza a pocos. Este año, eso sí, hubo rebaja en el abono para los que llevaban más de diez años siendo fieles, probablemente una de las mejores iniciativas que ha tomado el club en este sentido. Pero aún así, creo que las promociones deben ir más allá del simple regalo de entradas, una práctica que lleva años minando a los abonados que sí pagan por cada partido. Y encima, les premian esta semana con más entradas a precios especiales para otros… que tendrán que sacar ellos.
Va siendo hora de que el club piense en otras maneras de atraer gente al Estadio, empezando por mini-abonos mensuales, actividades en torno a los partidos u otro tipos de iniciativa, porque con las que se llevan a cabo los abonados no se sienten premiados, porque las entradas gratis nunca son para ellos.