Por @beatrizpalmero
Parece que es cierto eso de año nuevo, vida nueva, porque, de repente, muchos se han llevado las manos a la cabeza porque no les gusta la forma en que el equipo ganó en Murcia. Y, como si no conociéramos al Tenerife de Álvaro Cervera lejos de la isla, nos indignamos porque el estilo del equipo no es el que queremos para nuestros colores. ¡A buenas horas, mangas verdes!
Por supuesto, yo soy la primera a la que le gustaría que el Tenerife jugara como los ángeles, que se movieran por el césped como si tuvieran en los pies la Nimbus 2000 de Harry Potter y jugaran al quiddicht sin que el rival se enterara cuando los blanquiazules pasaran a su lado. Y que fuera así tanto en casa como fuera. Pero quizá haya que recordar que el mundo real queda muy lejos de las fantasías de J.K.Rowling y del maravilloso mundo (o quizá no tanto) en que vivía el dichoso Potter.
También me gustaría poder vestir siempre con prendas de alta costura, y poder desfilar sobre la pasarela con la barbilla alta, y sentirme admirada y que, cuando visitara cualquier ciudad dijeran: ‘Hey, mírala, ahí va, cuánta elegancia’. Y me trataran con condescendencia y cierta reverencia simplemente porque mi ropa es más cara que la del resto. Y porque la llevo con estilo. A fin de cuentas, ya lo decía Coco Chanel: “Viste vulgar y sólo verán el vestido, viste elegante y verán a la mujer”.
Y eso es lo que le pasa a este Tenerife cuando se viste de visitante. Sólo vemos el vestido. Y nos olvidamos de que la alta costura está lejos de su alcance. Para bien o para mal. Sinceramente, si en algún momento teníamos que haber exigido jogo bonito, era en la temporada anterior, cuando teníamos top-models en una categoría de modelitos de tres al cuarto. Sin embargo, era tan imprescindible el ascenso y el Tenerife caminaba tan firme en el liderato que, aún surgiendo este debate, lo aparcábamos porque más que nunca era importante el resultado.
Y ahora que hemos dejado las pasarelas de provincia para pasar a las capitales (aún sin llegar a soñar con Roma, París o Nueva York), es cuando venimos a exigir la exquisitez. Pues ahora no tenemos tops-models, sólo aspirantes a serlo. No seré yo la defensora a ultranza del estilo de Cervera, pero, por alguna extraña razón que se nos escapa, siempre que realiza cambios de planes, siempre que se sale del guión que él previamente ha marcado, los resultados le avalan. Y lo que es más importante, el equipo le sigue a pies juntillas. Llámenlo ángel, suerte o casualidad. Ya este Tenerife intentó jugar al fútbol a principio de temporada, nos gustaba, propuso un estilo más atrevido. Consiguió una victoria y un empate en nueve jornadas. Llámenlo inexperiencia, mala fortuna o azar. Al final, tras casi media temporada sólo llego a una conclusión: Cervera siempre tiene plan B y cuando se equivoca no sólo lo reconoce sino que intenta enmendarlo sobre la marcha. Y su estilo funciona.
Decía Christian Dior que “el estilo es una forma de decir quién eres sin tener que hablar”. Tal vez por ello nos ha dejado mudos ante muchas de sus decisiones que con otros habríamos cuestionado cada día, desde jugar en Segunda B con un central de mediocentro, a mandar a la grada al mejor portero de la plantilla, pasando por alinear tres centrocampistas fuera de casa o dejar a Cristo Martín sólo para el Heliodoro. Cervera no nos enamora por sus ropajes, pero sí con un equipo trabajado, sacrificado y guerrero. Tal vez en alguna ocasión llegue el momento en el que no veamos el vestido, sino al equipo.