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A la deriva

Por @beatrizpalmero

Sigo incrédula. No me acabo de creer este arranque liguero. Y no por los resultados que, en cierta forma, son circunstanciales. Lo que no me acabo de creer es que el equipo haya perdido su identidad. Porque incluso el año pasado, en los peores momentos, era un equipo reconocible, que sabía qué paso quería dar. Y yo en Soria vi un equipo perdido en la autocomplacencia de una pretemporada magnífica que se dejó en casa la que ha sido su principal seña de identidad en las últimas temporadas: la solidez defensiva. Y en el Heliodoro vi un equipo que no se parecía en nada al que tantas alegrías nos da en casa, el que golpea primero, el que impone su idea de partido, el que lo lleva a su terreno. En la primera parte estaba perdido en un planteamiento que rara vez hemos visto como locales, sin saber dónde hincarle el diente a un Nástic muy ordenado y con las líneas muy juntas. Sólo en el inicio de la segunda parte vi el Tenerife que todos esperábamos ver, pero duró hasta que Vicente Moreno desarboló a los de Raúl Agné con dos cambios. Y desde el banquillo no hubo reacción. Y cuando la hubo llegó tarde y mal.

Cierto es que estamos a principios de temporada y la liga es larga. Todo puede pasar. Y a la temporada de regreso a segunda me remito. Diez jornadas costó lograr la primera victoria. Claro que entonces las sensaciones eran otras. Pero, aún así, la experiencia nos demuestra que la paciencia es la mejor opción, porque en los momentos en los que no la hubo se generó una excesiva presión en el ambiente que marcó el resto de la temporada. Bien es cierto que parece que hemos aprendido de la persecución hacia Cervera, que no trajo nada bueno ni al equipo, ni al entorno, ni a los propósitos del equipo, y Agné cuenta con más manga ancha, aunque lo que más dudas me plantea es la escasa reacción desde el banquillo vista en estos dos últimos encuentros.

Tal vez en el equipo estén tan sorprendidos o incrédulos como uno. Y tal vez, a estas alturas, hayan llegado a la misma conclusión que yo. En la pretemporada fue todo muy bien mientras partimos de lo inferioridad propia ante un rival de superior categoría. Entonces la única premisa era la solidaridad cerrando líneas para ahogar al rival y buscar espacios a su espalda. En Liga nos hemos encontrado con escenarios distintos, en los que se saltaba al césped sin esa convicción de la inferioridad propia. Así que tal vez debamos recuperar el convencimiento de que todos los equipos pueden ser muy superiores y ser capaces de ganarnos por muy recién ascendidos que sean o muy pocas expectativas generen. Dese el regreso a Segunda este equipo sólo ha hecho grandes cosas cuando ha sido consciente de que no podían apelar únicamente a una mayor calidad que el contrario para superarlo. Pues volvamos a esa premisa y dejemos de hacer experimentos. Por presupuesto, esta plantilla no está entre las mejores de la categoría. Pero el grupo puede superarlas a todas si está unido y arropado y si rema sólo en una dirección. Las derivas nunca acaban bien.