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A la afición del Canarias, por @ivanvillanua

En menos de 24 horas dos situaciones diferentes que he presenciado. La primera: un miembro de un banquillo, expulsado por no parar de decir improperios no solo a los árbitros sino también a sus propios jugadores. Lo más suave «¡mueve el culo de una puta vez!» a un menor de edad. La segunda: una afición entregada a un equipo, educada, cívica que no ha parado de animar de la manera más limpia y sobresaliente posible.

Estamos en la continua búsqueda de los valores en el deporte. Dicen que existen, que están ahí. Es cierto, actividades como el baloncesto (hay más), me lo demuestran. Este artículo no es sino el más sincero de los agradecimientos a la afición del CB Canarias que hoy ha dado toda una exhibición de empuje sobre un equipo que necesitó de su apoyo en los momentos más complicados para salvar el partido. Es imposible no poder dar las gracias a todos y cada uno de los hinchas que hoy acudieron al Santiago Martín para conseguir, en equipo, la victoria.

Porque cuando uno ve a una afición como esta lo único que puede decirle es que forman parte del equipo. Ellos sí que son el verdadero sexto jugador. El número seis lo llevan tatuado en el pecho. A fuego. Cuando pierde, pierden. Cuando gana, ganan. Pero siempre sin una mala palabra sin un atisbo de malos modales y con la educación y los valores hacia los más pequeños por bandera.

No solo de fútbol vive el deportista. Tenemos numerosas disciplinas deportivas que practicar. Pero el error radica donde siempre: pretender que nuestros hijos sean Messi o CR7. Craso error. Pedro Rodríguez Ledesma solo hay uno. El siguiente será Ayoze Pérez. Mientras tanto, solo el destino y la diosa fortuna tocará con una varita a quien se lo merezca. Pero ahí está la clave. Yo prefiero una sociedad donde los jóvenes aspiren a ser ciudadanos ejemplares y buenos deportistas. No a que salgan llorando de un terreno de fútbol cagándose en el árbitro. Cosa que no lleva a nada más que a la frustración. Y frustrados, en el presente, los hay de sobra.

Aunque ya terminó la temporada, si no lo han hecho, vayan un día a ver al Canarias. Y a su afición. Y disfruten de ellos y de su señorío como yo lo he hecho hoy. Dios no me dio el don para jugar al baloncesto. A cambio me regaló la intuición y buen ojo. Sobre todo para apreciar lo que verdaderamente vale la pena: la afición del Canarias, por ejemplo. Mi más sincera enhorabuena.