Redacción Deporpress | Punto a punto. El CD Tenerife sigue dándole pedaleadas a su bicicleta para un largo sprint, con el firme propósito de meterse en el grupo de cabeza y no quedarse sin opciones de rebufo en el pelotón. Cocción a fuego lento.
Con cinco puntos de nueve, el equipo blanquiazul muestra síntomas de que es un rival difícil de meter mano para cualquiera. Lo comprobó hoy un Real Oviedo que fue mejor, pero que se encontró con la telaraña defensiva de un Luis Miguel Ramis –al igual que Álex Corredera en el pospartido- ejercieron un análisis ambicioso: puntuar está bien, pero quieren sumar de tres.
Dibujar un trazo positivo en los primeros encuentros resulta clave por muchos factores. Primero, para calmar los nervios y fantasmas pasados de la maldición con los primeros pasos de un campeonato donde el Tenerife termina mandando a la guillotina a sus técnicos antes de comerse el turrón. Y segundo, porque crecer desde una buena dinámica es más fácil, dentro de una Segunda donde las dudas siempre son malas consejeras.
Porque es altamente probable que, en años anteriores, el partido que el Tenerife empata en Oviedo hubiera acabado en derrota. Merecido o no, pero sin ninguna recompensa. Llega ahora la Ponferradina, donde sumar de tres permitiría reafirmar la media inglesa: arañar puntitos en el equipaje de vuelta siempre se agradece si haces de tu casa un fortín.
El equipo tiene una idea de juego. Y el grueso de la plantilla llegó con tiempo de sobra en pretemporada, lejos de las prisas de cada mercado de verano donde llegaban efectivos con muchos deberes por delante, teniendo que empollarse las directrices del cuerpo técnico para estar en dinámica colectiva.
Atrás, el Tenerife es un hueso. Falta la otra portería: el ataque. Tiene recursos, pero se pide más a los jugadores que saben asociarse por debajo y tienen fútbol en sus pies. Deben sumar goles de segunda línea, no solo los delanteros. Queda mucho por delante, pero si el representativo blanquiazul cumple en esa faceta, puede ser un año con derecho a ilusionarse. Se ha ganado el beneficio de la duda.