2.500 corredores, 25 países representados. Muchos son los deportistas que han querido sumarse con su participación a hacer historia. Correrán este domingo 16 en la I Maratón Internacional de Santa Cruz. No hay ciudad que se precie que no tenga una prueba como ésta en su calendario y la capital tinerfeña por fin cuenta con ella. Una apuesta por el deporte en la que los profesionales intentarán batir sus marcas mientras que la mayoría luchará contra sí mismos.
Yo soy de esas, de las locas que se levantan temprano para calzarse unas zapatillas. Durante días esperé para que se abrieran las inscripciones. Y la conseguí a un precio más que módico. Es uno de los retos del año de esos que gustan y mucho afrontar. Desde hace meses he ido preparándolo, de manera inconstante, con entrenamientos como los ojos del Guadiana que aparecen y desaparecen, pero siempre con ilusión ¿Y para qué? Pues tan simple como disfrutar de mi corazón latiendo con fuerza, de mis piernas engullendo kilómetros.
Quienes participemos de ella, en cualquiera de sus tres distancias 8, 21 ó 42 saldremos de la Plaza de España con un simple objetivo cruzar el arco de meta que estará esperando en el punto de partida.
Un circuito urbano. Recorreremos las calles más populares de Santa Cruz, atravesaremos el centro de la ciudad, un itinerario rápido en sus primeros 10 kilómetros en los que iremos en volandas gracias al público. Familiares y amigos muchos de ellos, otros amantes del deporte que con sus aplausos y gritos harán que el cansancio sea menos y muchas más las fuerzas. Al resto, la avenida de Anaga en dirección al Oceanográfico y volver habrá que ponerle cabeza y amor propio.
Una maratón con sorpresas, sí, habrá destacados deportistas pero también les prometo que será sonora y colorida y hasta ahí puedo leer…si eres de los que participa te veo en la salida, si eres de los que irá a animar, voy de verde y rosa un chillidito o aplauso nos ayudarán a seguir corriendo.
Una maratón que será homologada por los jueces de la Federación Española de Atletismo. Todos podemos formar parte de la historia