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Árbitros (7-5-14)

Por @jf_rojas

Las últimas derrotas del Tenerife y las circunstancias en las que se han desarrollado nos devuelven al maravilloso y cíclico debate del arbitraje. Siempre me llamó la atención, o no tanto, que el árbitro sea una entidad semitransparente a la que no se concede la menor influencia en el devenir de los acontecimientos cuando nuestro equipo gana. Somos especialmente hábiles para encontrar motivos por los que atribuir a los nuestros los méritos de la victoria incluso cuando el colegiado se equivoca palmariamente a favor pero cuando llegan mal dadas y coinciden un par de decisiones discutibles ocurre justamente lo contrario. Entonces el árbitro recobra por arte de magia la visibilidad y además de rescatarle del anonimato le hacemos protagonista absoluto de la historia.

Suelo intentar eso de lo que presumen muchos entrenadores pero que tan pocos practican: no hablar de los árbitros. Y no por un respeto reverencial al gremio o porque su trabajo me parezca más complicado que el de los demás sino porque el tema me aburre soberanamente. Se me ocurren pocas maneras más absurdas de perder el tiempo que pelearme durante horas junto a una pantalla de televisión discerniendo si un balón toca una mano o si un futbolista está o no en fuera de juego. Aparte de la evidencia de que discutir algo que ya no tiene arreglo no sirve para nada, nunca comprendí que haya que machacar al árbitro que pita un penalti por error y sin embargo haya que animar al futbolista que lo falla. Es como si al árbitro se le negara el derecho que al resto se reconoce con toda generosidad.

No soy de teorías conspiratorias. Crean que me encantaría pensar que Elvis sigue vivo en algún rincón perdido del Himalaya o que los extraterrestres viven camuflados entre nosotros pero por desgracia cuando escucho esas cosas me entra la risa. Resulta tentador, por supuesto, atribuir nuestras desgracias a una causa invisible y maliciosa que nos persigue pero en el fondo no encuentro utilidad en hacerlo. Es probable que me aburra tanto este asunto porque lo más gordo que puedo llegar a ver tras cada error arbitral es la incompetencia del sujeto en cuestión. La burbuja de estos debates se alimenta en realidad de sospechas, prejuicios y presuntas conspiraciones que yo soy incapaz de imaginarme. El día que me parezca creíble una reunión clandestina de trencillas decidiendo que este año le toca bajar al Tenerife dejará de interesarme el fútbol. Mientras tanto seguiré fijándome más en el juego y menos en el arbitraje.