Por @beatrizpalmero
El poeta latino Horacio acuñó un verso que seguro, en parte, han escuchado o usado alguna vez: Carpe diem quam mínimum credula postero. Se podría traducir de manera más o menos literal como ‘cosecha el día, y confía lo mínimo en el mañana’, aunque ha pasado a nuestra tradición con un tópico mucho más ajustado al concepto que Horacio quería expresar: aprovecha el momento, que mañana no sabemos qué va a pasar ni dónde vamos a estar. Si lo trasladamos al habla popular, diríamos, simplemente, que nos quiten lo bailado.
Y eso es lo que pienso ahora mismo. Que me quiten lo bailado, así mañana me duelan los pies hasta reventar. No sabemos qué nos traerá el mes que viene. 21 puntos son muchos puntos. Y puede que toda esta ilusión se quede sólo en un sueño sin cumplir. Tal vez nos despertemos de pronto, tal vez el Tenerife no alcance los playoffs, quizá sí lo logre y se quede por el camino, puede que el ascenso sea inalcanzable. Pero, qué diablos, que me quiten lo andado.
Que nos quiten tardes como las del domingo pasado en el Heliodoro, esas gradas rugiendo cuando el rival remonta el encuentro, gritando a los cuatro vientos que se puede, que están ahí para levantar al equipo cuando se caiga. Que nos quiten los regates de Ayoze, el golazo de Juanjo, las carreras de Suso, el trabajo de Aitor y Ricardo, las exclamaciones de admiración cuando Carlos Ruiz realiza un regate para burlar al delantero… tantas y tantas cosas. Que nos las quiten si pueden, porque ya las hemos disfrutado.
Los aficionados blanquiazules han aprendido bien lo efímero que pueden ser los buenos momentos. Pasaron del cielo al infierno en muy poco tiempo. Ahora vuelven a ver el azul del cielo y miran hacia arriba disfrutando del sol que ahora calienta sus rostros. Saben que puede lucir durante mucho tiempo de la misma forma que se puede esconder sin previo aviso durante un tiempo aún más largo. Así que, olvidemos el mañana. Disfrutemos el hoy, el siguiente partido, el otro, el otro. Saboreemos el momento que mañana toda la ilusión se puede convertir, como bien escribió Góngora, “en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”, pero nos quedará el orgullo.
Carpe Diem, y mañana ya se verá.